En bicicleta por Barcelona

Ewan McGregor en bici por Londres

Hoy quería escribir sobre algún asunto ligero, liviano, alado como ir en bicicleta. La comparación me ha llevado al tema, aprovechando también que estamos en la semana de la bicicleta.

Cuando yo era una criatura, en la tele emitían el programa “La vida en un xip” dirigido por Joaquim Maria Puyal. Un día, no recuerdo qué tema trataban, intervino un chico holandés diciendo que Barcelona era demasiado empinada para circular en bicicleta. La ciudad estaba muy bien tal como estaba, con las terrazas al sol, las cervezas baratas y sin bicicletas. Que no nos emperráramos en imitar a Amsterdam porque no hacía falta.

Pues parece que sí nos hemos emperrado en ello porque las cervezas son tan caras como en Amsterdam y la ciudad está llena de bicis. Sólo hay que ir por la Diagonal en hora punta y ver el carril bici transitado por ciclistas de toda edad y condición, y no sólo por hippy-pijis: jóvenes universitarios, padres con criaturas en sillita, hombres trajeados, señoras acicaladas, turistas e inmigrantes de todas partes… Al fin y al cabo Barcelona no es tan plana como Amsterdam pero tampoco llueve tanto y hace más buen clima.

Las bicis están aquí para quedarse

Aún así, la bicicleta todavía trae cola y constantemente se oyen voces que claman en contra, especialmente de opinantes profesionales que se mueven en taxi de la redacción del diario a la radio donde van a hacer la tertulia. Pero las bicis están aquí para quedarse. Ya puedes ir diciéndole a un ciclista acostumbrado a volar por el asfalto que deje su vehículo y se encajone cómo si fuera ganado en un vagón de metro lleno a reventar en hora punta o que se momifique en una parada de bus. Sobre todo teniendo en cuenta los precios de lujo de TMB; el precio de billete de metro en Barcelona es el más caro de Europa, más caro que en Madrid, París o Nueva York.

Pero si las bicis ya están aquí lo que todavía no ha llegado es el respeto de los conductores motorizados ni, en su defecto, carriles suficientes y seguros. Un ciclista que circula por la acera es considerado incívico, a pesar de que la ordenanza municipal lo permite en aceras de más de 5 metros de ancho y a un máximo de 10 km/hora. Bajar a la calzada, supone jugarse la vida así que la mayoría prefieren ser incívicos vivos que cívicos muertos (o parapléjicos).

Los peatones deberían ser los aliados del ciclistas a la hora de pedir más carriles bici y/o una conducción más pacífica: más bicis supone menos contaminación atmosférica y acústica y más seguridad para ellos pues la bicicleta es un vehículo de bajo riesgo comparado con los coches y las motos. En lo que va de año, en Barcelona han muerto 10 transeúntes atropellados por vehículos de motor, el doble que el año pasado. Aun así los ciclistas se han convertido en el punching ball. La mayoría de peatones parecen adictos al estruendo del tránsito y a esnifar C02. Abroncan a los ciclistas y escriben cartas a los medios quejándose de las molestias que causan las bicicletas pero no lo hacen , por ejemplo, de los conductores que no respetan el límite de velocidad de las zonas 30. En los últimos tiempos se ha detectado un incremento de atropellos de peatones en estas zonas y se han contabilizado 6268 casos de infracción del límite de velocidad de 30 km/h desde principios de año.

En contra del bicing

Bill Murray también va en bici

No negaremos los problemas de convivencia entre bicis y peatones y que hay ciclistas muy burros. Por parte mía, estoy de acuerdo con que a los ciclistas se les exija carné, un seguro (si incluye el robo) e incluso se los multe de forma proporcional al peligro que causen (y también, ¿por qué no?, a los peatones que pasen en rojo o crucen la calle por lugares no autorizados). Estoy incluso de acuerdo en quitar el bicing. De hecho no me ha gustado nunca. Viví de forma bastante cercana su nacimiento y siempre me dio rabia que el dinero y esfuerzos que se dedicaban a su implantación, mantenimiento y aparato de propaganda no se destinaran a hacer más y mejores carriles bici. No me parecía lógico soltar toda aquella bicicletada en las calles antes de haber hecho las infraestructuras necesarias. El bicing nos cuesta actualmente unos 14 millones de euros al año.

A cambio de eliminar el bicing se puede promover formas más sostenibles porque todo el mundo pueda ir en bici: mercados de segunda mano e intercambio, talleres de autoreparación de bicicletas o proyectos de bicisharing. Es una cuestión de interés social pues más bicicletas es más calidad de vida para todos. Ahora bien, la mejor forma de promover la bicicleta es dejársela a uno de los que refunfuñan en contra para que den un paseíto con ella por Barcelona. Seguro que perdemos un enemigo y ganamos un adepto.

Os dejo con A bicyclette d’Yves Montand que ha sido mi banda sonora mientras escribía este post.

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