Archive for Slow Shopping

Mi nuevo proyecto, slowBCN

Hace días que no escribo a este blog y la explicación es muy sencilla. Me he embarcado en un nueva web que he denominado slowBCN. Se trata de una guía de establecimientos donde hacer compras sostenibles (o también alquilar, intercambiar …) en Barcelona ciudad. Cuando digo sostenible englobo bienes y servicios ecológicos, de segunda mano o vintage, de proximidad (es decir, hechos por productores locales), elaborados a partir de material reciclado o de forma artesanal. También incluyo comercio justo, economía solidaria y DIY (Don It Yourself). Dedico una entrada por establecimiento con un mapa donde localizarlo. Podéis buscarlos por productos, barrio, etc. También hay una agenda de acontecimientos relacionados con estas temáticas y el mapa donde voy situando las tiendas.

¿Cómo he llegado hasta aquí? En primer lugar, porque soy muy urbanita. Me encanta pasear por Barcelona y los comercios conforman buena parte de este paisaje que tanto me gusta. Además, siempre que puedo compro en pequeño comercio de barrio. Soy la clásica pesada que le gusta que “le atiendan”. No me busquéis en Zara o en Ikea y si voy allí alguna vez es por estricta necesidad.

Por otro lado, mi trayectoria profesional me ha llevado al periodismo económico y empresarial y a interesarme por el marketing, el consumo y los emprendedores. Ahora que el escenario económico se cae a trozos, mi interés ha derivado lógicamente hacia la sostenibilidad. Me gusta esta palabra a pesar de estar tan sobada porque expresa que la economía dominante hasta ahora ya no se aguanta, no se sostiene.

Un día buscando información de productos ecológicos en Internet pensé que estaría bien poder localizar donde comprarlos en cada barrio. Así que uniendo gustos, intereses e inquietudes he creado slowBCN, una idea que apenas está en los inicios pero irá creciendo y mejorando poco a poco. ¿Me ayudáis? Os invito a visitarla y dejar vuestros comentarios así como sugerencias de establecimientos a referenciar.

En cuanto a Dèries d’avui, todavía no sé que haré con él ni qué deriva tomará. Me gustaría seguir teniendo un espacio donde expresarme sobre varios temas y escribir mis largos posts. Eso será cuando tenga un poco más de tiempo.

Gracias por seguirme también en slowBCN. Espero que os guste.

Por Sant Jordi, cinco librerías de Gràcia

Años atrás, las grandes superficies eran el demonio con cuernos que habría de devorar al pequeño comercio de barrio. La amenaza se cernía también sobre las librerías: la Fnac daría el toque de gracia al librero tradicional. Y es cierto que durante un tiempo parecía imposible comprar un libro que no fuera un best seller sin tener que coger el metro. Sin embargo, hoy en día, el pequeño comercio y las pequeñas librerías siguen vivas, cuando menos en Gràcia. Así que en la fiesta del libro (que no de la literatura, por si alguien todavía está confundido) os recomiendo un paseo por cinco librerías de Gràcia.

Pequod

Pequod, el barco que comandaba el capitán Achab en busca de la gran ballena blanca Moby Dick, da nombre a esta nueva librería de la calle Milà y Fontanals. En el escaparate, una vieja bolsa de viaje de cuero marrón derrama los clásicos de Dickens y alrededor de una Olivetti los libros del malogrado Félix Romero, la edición de Cuentos Completos de Maupassant y El otro McCoy de Brian McAdams del cual emerge un punto de libro con la exhortación “Lo estamos leyendo. Pregúntanos”. En la puerta un póster proclama “Reading is sexy” con una imagen de James Dean con gafas de pasta leyendo un libro. No puedo estar más de acuerdo. Dentro del cálido refugio del Pequod, todo parece en calma pero hay mar de fondo. Pere y Consuelo preparan el primer Sant Jordi de su pequeña librería. Consuelo me explica que pondrán una parada en la Travessera de Gràcia e irán a firmar autores como por ejemplo Juan Soto Ivars. Su libro Siberia editado por El olivo azul es uno de los que me recomienda por Sant Jordi. También Westwood de Stella Gibbons, autora inglesa recuperada en nuestro país por la joven editorial Impedimenta. Y es que los sellos independientes son la especialidad de Pequod e Impedimenta es la editorial del mes. Por eso sus libros tienen un 5% de descuento durante abril. También todos los de Robert Louis Stevenson, autor del mes. Además de novedades y reediciones de clásicos, Pequod ofrece una remarcable selección de libros de segunda mano desde 3 euros. Después de casi un año de singladura, Consuelo se muestra contenta de la acogida e ilusionada con la perspectiva de abrir un nuevo espacio en el piso de arriba donde organizarán talleres de escritura y clubes de lectura. Para estar informados os aconsejo leer el Pequod Daily.

Taifa

Taifa es el reino del libro de segunda mano en Gràcia (aunque también tienen un buen puñado de novedades) y la casa de Batlló, su propietario. Ya hace más de veinte años que Josep Batlló está en este negocio, aunque me recuerda socarrón que, como decía José Manuel Lara, un negocio que no te permite levantarte a las 12 del mediodía no es un negocio”. Con el mismo distanciamiento del que está de vuelta de todo me comenta que pondrán una mesa en la calle por Sant Jordi. “Pero Batlló, explícale qué haremos!”, le regaña una chica rubia desde lo alto de la escalera donde hace inventario. Entonces me dice que firmarán libros cuatro autores músicos asiduos de la sala Heliogàbal y vecinos y clientes de Taifa (“no tienen bastante con hacer música que se tienen que poner a escribir”). Son Víctor Nubla con Como caza un dromedario, Santi Balmes (Love of Lesbian) con Mataré monstruos por tí, Martí Sales (Surfing Sirles) con Ara és el moment y Ramón Rodríguez (The new Raemon) con Ausencias. Batlló también me explica que dentro de unos días harán la presentación de El vol del Quetzal, la última novela de Pius Alibek, otro ilustre vecino de Gràcia que regenta el restaurante Mesopotamia en la misma calle Verdi. Pero esto será después de Sant Jordi. Para este día, Batlló, después de hacerse un poco el remolón, accede a recomendarme dos novedades: Jo confesso de Jaume Cabré y La dona que es va perdre de Marina Espasa.

Hibernian

Seguimos con libros de segunda mano pero en este caso exclusivamente en inglés. Hibernian es la única librería de estas características en Barcelona. También tienen libros nuevos, “clásicos y títulos que la gente siempre nos pide, como por ejemplo 1984 o Homage to Catalonia de George Orwell”, asegura el irlandés Ray, copropietario de Hibernian junto con Vicky. Hibernian nació hace ocho años con una colección de más de 30.000 libros traídos desde Dublin (Hibernia era el nombre que los romanos daban a la isla de Irlanda). Desde entonces la librería se nutre también de los volúmenes que traen sus clientes. En Hibernian hacen una valoración del lote que no se paga en dinero sino en crédito para comprar otros libros. Eso sí, una pizarra advierte que no se acepta el Código da Vinci, ni el Diario de Bridget Jones ni títulos de Michael Crichton, Tom Clancy, Frederick Forsyth entre otros agraciados. Por Sant Jordi sacarán la paradita a la acera de la calle Montseny y aplicarán un descuento del 5% para los libros nuevos, un 10% para los de segunda mano y un 25% para las antigüedades.

Cap i cua

Antes de entrar, fascinada cómo estoy mirando la portada del libro Barcelona balla en el escaparate, un cliente saliente me advierte: “no te pierdas la sección un poco escondida de la derecha”. Interesada, entro enseguida a verla pero lo que más me llama la atención no es la recomendación en sí, sino esta familiaridad, la misma que se respira en esta librería del Torrent de l’Olla, 99. Y es que Pepitu es un librero que disfruta charlando con todos los vecinos de Gràcia que se acercan a comprar libros o sencillamente a saludarlo. Con las gafas de montura clara en la punta de la nariz, igual busca una “novela entretenida” y lo último de Gerónimo Stilton a una señora, que vende el periódico de crítica social Diagonal a un joven de estética okupa. Además de libros de narrativa, Pepitu destaca su sección de ciencias sociales “un poco alternativa” donde encuentro, precisamente Hay alternativas de varios autores, Estados Canallas de Noam Chomsky o el manifiesto Economistas aterrados. Por Sant Jordi me recomienda, sin embargo, algo más alentador, Los hijos de los días de Eduardo Galeano, y, aunque no sea exacatmente una novedad, Primavera, estiu, etcètera de Marta Rojals. Cómo hacen desde hace años, Pepitu y su mujer bajarán a Barcelona a poner la parada en La Rambla

Casa Anita.

Todas las librerías reseñadas tienen una sección infantil con títulos interesantes pero Casa Anita es allá donde viven la Caperucita, el Patufet, el Grúfalo, la vaca Taca, el Pez Irisado, Olivia y, por supuesto, Max, el protagonista de Allá donde viven los monstruos, el cuento que me abrió los ojos (idiota de mí) a la literatura infantil. Casa Anita es más que una librería de Gràcia pues sus adeptos vienen de todas partes. Oblit tenía claro que necesitaba especializarse si quería recibir clientes de más allá del barrio. Su pasión por el álbum ilustrado la ayudó en su decisión tomada ahora hace siete años. Pedirle a Oblit que recomiende un título, tanto en calidad de clienta como de periodista, es seguirla arriba y abajo mientras despliega con delicadeza libros y más libros. Coco i Piu de Alexis Deacon para los más pequeños, El perro y la liebre de Rotraut Susanne Berner a partir de siete años, El pequeño tigre rugidor de Reiner Zimnik a partir de 10 y Ciudad de huérfanos de Avi para más de 12. Ah! Y por Sant Jordi no puede faltar un dragón, concretamente El rey Hugo y el dragón de Peter Bently. Casa Anita estará en el Pla de Salmerón celebrando el encuentro de ilustradores que firmarán (o dibujarán) libros. Y ahora que viene el buen tiempo, más actividades en el magnífico patio interior de Casa Anita en la calle Vic, 14.

Economía y preservación del paisaje: el aceite milenario

Un olivo milenario de Xert. (Foto de Martí Bori)

Desde hace unos años paso algunos días de vacaciones en Xert, un pueblo del Baix Maestrat con 900 habitantes,7 tiendas (incluyendo la farmacia), sin zonas wi-fi pero decenas de bellos olivos milenarios. Me gustaría explicar que recorriendo los campos de Xert me quedé prendada de la belleza de estos monumentos naturales, de sus troncos que no crecen con voluntad firme, compactos y verticales, sino que a lo largo de los años divagan, se retuercen y se parten. Pero no. He tenido algunos de estos ejemplares ante mis narices detrás la ventanilla del coche varias veces pero no les había prestado atención. La primera vez que me hablaron de olivos milenarios fue en Barcelona. Jaume Biarnés, jefe de cocina del departamento de investigación de la Fundación Alícia (centro de I+D gastronómico), me explicó que trabajaba en un proyecto sobre el aceite de estos olivos crecidos a ambos lados del río Sènia. Entonces me acordé del pueblo que me regala cada año unos días de tregua, el sabor especial de su aceite y el sereno paisaje de sus olivos.

Biarnés me explica que “en estas tierras siempre se había producido aceite a granel para enviarlo a Italia. Allí lo envasan y envuelven con un buen packaging y lo venden a 100 dólares la botella en Nueva York, Shanghai y Sidney. En los años 90 se puso de moda entre los millonarios alemanes e ingleses tener un olivo milenario en el jardín y los campesinos empezaron a vendérselos”. Juan Antonio Adell, director de la Cooperativa Sant Marc de Xert, me explica que se han llegado a pagar 6.000 euros por algunos de estos olivos que, lejos de su clima, han acabado muriendo o, lo que quizás es peor, coronando las monas de Pascua de las rotondas de las carreteras. En El País, sin embargo, ya hablaban de 15.000 euros por un olivo de La Jana, cantidad de la cual los agricultores sólo ven una pequeña parte pues el resto va a parar a manos de intermediarios. En cualquier caso, un campesino tiene que vender muchos litros de aceite a granel para ganar 6.000 mil euros.

Aceite contra el expolio

Para detener el expolio de este preciado patrimonio histórico y forestal, la cooperativa comarcal Clot d’en Simó que agrupa la cooperativa de Xert y las de otros siete pueblos de la comarca, empezó a considerar estos olivos y su aceite como lo que realmente son: un tesoro. En 2003 iniciaron la producción y venta de aceite procedente exclusivamente de olivos milenarios para que los propietarios pudieran sacar un mayor rendimiento económico de estos magníficos ejemplares y así sustraerse a la tentación de venderlos. Clot d’en Simó también promueve diversas rutas para contemplar estos árboles monumentales.

Paralelamente, la Asociación Territori del Sènia, presidida por Jaume Antich y que reúne a 27 municipios catalanes valencianos y aragoneses de la zona, también ha puesto en marcha un proyecto para proteger estos olivos. Además de la elaboración de ocho marcas de aceites milenarios, la Asociación, con el asesoramiento de un biólogo, catalogó todos los olivos milenarios del territorio considerando como tales, los que, a 1,30 metros del suelo, tienen un perímetro de tronco de 3,5 metros (Adell, me habla de 5 metros de perímetro a 1,5 del suelo). Los olivos que cumplen las medidas mencionadas están señalizados con una placa y actualmente se han inventariado cerca de 4.500. Esta cifra supone la mayor concentración de olivos milenarios del mundo. Por su parte, la Fundación Alícia ha participado con una guía fruto de un exhaustivo estudio histórico- gastronómico, de 60 recetas elaboradas con aceite milenario para los 60 restauradores de la zona que se han comprometido incluir uno de estos platos en su carta y promover el aceite.

Según Juan Antonio Adell, el proceso de elaboración del aceite Milenario de la Cooperativa Clot d’en Simó comporta un importante coste de organización, pues se lleva a cabo durante un solo día. La jornada empieza de madrugada recogiendo las olivas de los árboles milenarios a mano. En la cosecha intervienen un técnico y varios controladores, uno por pueblo, para verificar la autenticidad y calidad de las olivas. A partir de las cuatro de la tarde, las olivas entran en el molino para ser prensadas. El director de la cooperativa asegura que este escaso margen de tiempo entre la recogida y la prensada (menos de ocho horas) hace que el aceite de oliva conserve todo su sabor. Otra característica de este oro líquido es que proviene únicamente de olivos milenarios de la variedad farga. Para Biarnés, estos aceites hechos con variedades de oliva como la farga, la morruda o la sevillenca “son interesantes porque ofrecen unos sabores diferentes a los que solemos encontrar en el mercado, aquí en Cataluña dominado por la arbequina”. Ahora bien, según el jefe de cocina de Alícia, más allá de la emoción de probar el aceite de los mismos olivos que explotaron los romanos, las propiedades organolépticas de los aceites milenarios son las mismas que los que provienen de olivos más jóvenes. “Si son de mejor calidad quizás es porque los labradores se esmeran más en su elaboración”, puntualiza.

¿Una pijada o un privilegio?

La botella de medio litro de aceite milenario cuesta vale 20 euros. ¿Una pijada? ¿Un privilegio? ¿Una manera de contribuir a que los olivos milenarios sigan existiendo? Biarnés considera que “estos aceites son para venderlos en Nueva York o en Shanghai como producto de lujo. Los de la Asociación Territori del Sènia ya se están introduciendo en China, Europa y Australia (en Estados Unidos cuesta más debido a la presión del lobby italoamericano). Hace poco nos visitó un empresario de China y se llevó todas las botellas. Son una buena estrategia de marketing para abrir mercados exteriores a otros aceites más económicos de la zona”.

Sin embargo, en el Club Gourmet del Corte Inglés, un escaparate ideal para vender a turistas japoneses, americanos o alemanes, no hay ni una botella de estos aceites. En cambio si que encuentro aceite de Arbequinas y aceite de Picual “envasado para Marqués de Griñón” (no indica la procedencia)a 48 euros el litro. También se puede comprar el aceite Primero Royal Temprana de Castillo de Canena a 42 euros el litro o el Olea Summum de Les Garrigues a 26 euros la botella de 700 ml. José Antonio Adell reconoce que el aceite Milenario sólo se puede comprar directamente en la tienda física o virtual de la cooperativa Clot d’en Simó o por encargo directo. Se lamenta, “las cooperativas sabemos hacer muy bien las cosas pero no nos sabemos vender”.

Jaume Biarnés me explica que a la Asociación Territori del Sènia les ha costado mucho entender la necesidad de invertir en comunicación, la importancia de una buena página web o de estar bien posicionados en Internet. De hecho, si buscamos “aceite milenario” en Google, la página de esta Asociación todavía no sale entre los primeros lugares. El jefe de cocina de Alícia cree que el territorio del Sènia podría ser conocido como la tierra del aceite del mismo modo que la Borgoña es la tierra del vino però haría falta que todos los agentes se implicaran en serio en su promoción. “Para abrirse al mundo hay que sentirse orgulloso de tu tierra, hay que creérselo”, sentencia.

Mientras no llega el turismo del aceite, he vuelto a Xert para recorrer a pie y sosegadamente los caminos de los olivos milenarios. Y, ahora sí, me quedo embobada pensando en cuántas manos, generación tras generación, han cosechado estas olivas con un gesto idéntico mientras los olivos se aferran a la tierra donde han nacido.

El mercado de las segundas oportunidades

Ahora que los mercados y tiendas de segunda mano están de moda, con más de seis siglos de historia a sus espaldas, los Encants Vells podrían dar lecciones de reutilización y recuperación. Y no sólo de objetos antiguos y de segunda mano sino también de artículos nuevos que no han encontrado salida: muebles, juguetes, libros, tubos de silicona, cables, monos de trabajo, botellas vacías… Aquí todo se aprovecha. Los Encants Vells (el nombre oficial es Fira de Bellcaire) lo forman cerca de 500 comerciantes que ocupan 15.000 metros cuadrados junto a la Plaza de las Glorias de Barcelona por donde pasan unos 100.000 compradores cada semana. Es uno de los mercados más antiguos en Europa y el único que ofrece un espectáculo fascinante: la subasta pública.

Cada lunes, miércoles y viernes, a partir de las siete y cuarto de la mañana, en el patio central del mercado aparece Paco, el encargado de subastar los lotes de objetos provenientes de casas, tiendas y fábricas que han cerrado sus puertas. El subastador es un hombre de unos sesenta años con abundantes cabellos y bigotes de color blanco grisáceo. Se protege del frío de la mañana con una chaqueta gruesa de paño marrón, pantalón de pana y bufanda de cuadros. Sobre la ropa lleva un delantal cuadrado con bolsillos verdes y en las manos un soporte de madera desgastada con el listado de la subasta y un martillo. Paco anda decidido pero cachazudo entre las sábanas extendidas en el suelo cubiertas de objetos de todo tipo mientras un grupo de hombres lo sigue. Uno de ellos me explica que los vendedores de lotes son comerciantes acreditados. El comprador puede ser cualquier persona que se haya inscrito previamente pero tendrá que retirar el lote antes de las 9, sin poder realizar ninguna actividad comercial en el mercado. En la práctica, sin embargo, los compradores son también paradistas del mercado que venderán la mercancía ahí mismo.

Paco se para ante un lote, espera al vendedor y cuando lo tiene localizado, empieza la subasta. Los congregados hacen sus pujas en millares de duros. Mil, dos mil, cinco mil…hasta que, ante el silencio de los licitadores, Paco grita “Vendóoo!”, da un golpe de martillo a la madera y baja el brazo con el martillo boca abajo. Es la señal inequívoca de que la subasta ha terminado. Entonces el vendedor paga al subastador que extiende un comprobante. La conversión de los millares de duros en euros se hace de forma rápida, sin calculadora ni vacilaciones y, casi sin controversias. Hoy, sin embargo, el hombre con pañuelo verde envuelto en la cabeza que ha comprado un lote de libros viejos y alguna quincalla por siete mil duros, parece que no ve claro el cambio a 210 euros. El vendedor, vestido con chaleco y sombrero de napa negra, hace el gesto de querer arrancar el recibo de las manos de Paco gritando enfurecido “dame, que no vendo. Que soy gitano!”. “Entonces ¿para qué me has llamado?” contesta con una sonrisa socarrona Paco y resuelve la situación sin mudar el gesto ni levantar la voz ni un ápice. Más tarde, el gitano del sombrero comentará la escena riendo a un compañero. Aquí la sangre no llega nunca al río. La sobreactuación y el buen humor son condición indispensable en el regateo. Así se sucede un teatro del absurdo donde unos casi regalan lo que quieren vender mientras los otros desprecian lo que quieren comprar y todos se hacen los ofendidos o sonríen con ironía al oír la oferta del otro.

“¿Por cuanto me dejas el lote?” pregunta uno. “800 euros, pá que te ganes la vida”, le responden alegremente. Un hombre menudo y barbudo propietario de una parada de libros quiere comprar un cuadro a otro vendedor que acaba de adquirir un lote de preciosas antigüedades por 87.000 duros ( 2. 614, 40 euros) “Déjamelo por 30… ¡pero si es un cartón!”, le suelta a su impertérrito interlocutor “Venga, Llorenç, suelta la gallina”, dice riendo un vendedor con acento árabe a un hombre alto y delgado con cazadora de cuero. El aludido saca una fajo de billetes de 20 euros para comprar un juego de bandejas de porcelana. “Estos parece que los fabrico”, suspira con resignación fingida mientras entrega dos billetes. Son las nueve menos cuarto y con la compra reciente adquirida se va a almorzar al bar La Palmera, en el mismo mercado. Mientras, en el patio central continúan la subasta y los tratos. Todavía es un buen momento para adquirir las piezas más bonitas que vuelan enseguida de los lotes acabados de adjudicar en subasta. Otros paradistas o anticuarios de las tiendas cercanas al mercado se afanan a comprar los objetos más codiciados para su parada o para revenderlos a un tercer interesado. Tal como me explican, es fácil que un artículo valioso cambie de manos y de parada cuatro veces en una mañana. También hay los expertos, como un joven modernillo con patillas y gafas de pasta que remueve ropa de segunda mano o los que analizan una pintura con firma “Mestres Cabanes, 1993”, año en que el artista ya estaba muerto y enterrado. “Quizás es el hijo”, dicen.

A las 9.00 el mercado se abre oficialmente al público. Unas mujeres vestidas con pantalones y pañuelos coloridos de estilo hindú examinan las tiras de encajes, unos abuelos se prueban unas gafas de lectura a tres euros y una joven italiana con pinta de Erasmus se compra una bici de segunda mano por 35 euros. “Sólo hay que ponerle un cable y ya está”, asegura el vendedor. Hay quién tiene claro lo que busca (“un teléfono Heraldo de color rojo”) y quien, como yo, se debate entre el gancho de los productos nuevos (un pintalabios de Yves Sant Laurent por diez euros, unas camisetas de Zara por dos euros) y la fascinación por los objetos antiguos. Todas las cosas que he tenido y que creía perdidas están aquí: un plato de cerámica de casa de mis padres, un disco de Yes de mi hermano, mi disfraz de india sioux y mi muñeca, aquella que hacía carotas al hacerle rodar el brazo. ¡Si incluso lleva el mismo vestidito de terciopelo verde! Piden 35 euros por ella. El primer impulso es recuperarla, pero le coloco la mueca más grotesca que es capaz de hacer, la dejo y me alejo. Las elegías por las muñecas olvidadas de los Encants son un tópico falso y lacrimógeno. Aquí todo el mundo las adora, les echa piropos y las busca para darles una segunda oportunidad, una segunda vida (o más).

Per què pleguen els negocis on no anem mai?

Fa gairebé un any, l’atzar em va portar al Cafè Llibreria del carrer Buenos Aires amb Villarroel. La seva porta de vidre emmarcada en uns arcs de fusta pintada de verd i els seus testos al carrer em recordaven a un petit cafè de París on mai he estat. Dins, les cobertes dels llibres es reflexaven en els miralls on la mestressa havia escrit amb primorosa cal·ligrafia tot el que jo adoro: gintònics, jazz i literatura. Mentre prenia un cafè al so dels Barcelona Swing Serenades, vaig somniar en quedar-me a viure allà, en passar els matins escrivint en aquell refugi, bressolada pel jazz, amorosida per la càlida abraçada dels llibres. Però no hi vaig tornar. Perquè no em ve de pas, perquè surto poc, perquè no hi penso…

…Fins fa un parell de dies. Arribo armada amb el meu mini portàtil, disposada a complir el meu somni i em rep un rètol de “es traspassa”, l’estigma de l’epidèmia que assola els nostres carrers. Ho hagués hagut de sospitar aquell dia, quan vaig veure a la Cari, la mestressa, fora del seu propi bar per fumar una cigarreta al fred malgrat només hi érem ella i jo. (Que sí, que jo també estic encantada de què no es pugui fumar arreu, però a vegades l’aplicació estricta de la llei és cruel).

La Cari, una dona morena i guapassa,em comenta que s’ha fixat un termini per escoltar ofertes de traspàs. Si no es decideix a desfer-se del bar continuarà endavant fent alguns canvis. Deixarà de vendre llibres, (“la gent no està disposada a pagar els 20 euros que val un llibre”) però seguirà oferint concerts de jazz i bossa nova. Pensa en fer menús sans o vegetarians, empescar-se alguna idea que diferenciï el local. Li dono la meva adreça electrònica perquè m’avisi del proper concert prometent-me a mi mateixa que hi aniré.

Al carrer Sardenya, a l’última riba de Gràcia, també es traspassa la bodega Jaume, amb les seves botes de vi a granel, les seves aixetes a a la paret i la rerebotiga que va ser la casa dels seus pares amb un petit balcó sobre el mostrador. Té el perfum de tot el que jo adoro: del vi negre del priorat, de l’inapelable vermut dels diumenges i de la nostàlgia de la bodega on anava de petita a comprar el sifó. Sempre que hi passo per davant, el Senyor Jaume té un somriure o una paraula simpàtica per la meva nena. Jo em miro els ocellets a les gàbies penjades al brancal de la porta, em fixo amb les ampolles d’Alella o de Prioritat i somnio en paladejar-les en un àpat compartit amb les persones que estimo. Però no hi he comprat gairebé mai. Per manca de costum, perquè penso que és més car que el súper encara que no m’he pres la molèstia de comprovar-ho, perquè no hi penso…

…Fins al primer matí fred d’aquesta tardor (els ocellets s’han quedat a casa per no constipar-se). El senyor Jaume em descobreix un vi de Monstant que compra directament a la cooperativa de Falset i que costa 2,75 euros. Impossible trobar un bon vi de Montsant a aquest preu en un súper.

El senyor Jaume m’explica que està cansat. Porta més de 55 anys treballant de dilluns a diumenge sempre a peu dret i carregant pes (“les lumbars ja no són meves i se m’està deformant la planta del peu”). Penso que del local se’n podria fer una vermuteria, ara tant de moda, sense fer-hi cap reforma, mantenint el seu encant. Depèn, però, de que l’Ajuntament en doni el permís. Potser per això i per l’ofec del crèdit, el Senyor Jaume creu que encara trigarà a plegar.

Llarga vida al Cafè Llibreria i a la Bodega Jaume, ja sigui en mans dels seus actuals propietaris o dels que vinguin i mantinguin la seva ànima! Si sou emprenedors i esteu pensant en fer vostres aquests negocis jo us animo i us prometo que m’hi passaré sovint per contribuir a que segueixin vius. Però no prometo res. Sóc un dona d’aquelles que quan troba l’home ideal s’embolica amb un de més cràpula o de més babau. Talment com vosaltres.

Massa pobra per comprar barat? No! Faig slow fashion

En un capítol de la magnífica sèrie Porca Misèria, el personatge interpretat per Julio Manrique deia que el seu pare mort només li havia deixat aquesta frase “som massa pobres per comprar barat”. I això és el que penso quan per fi em decideixo a emprendre joiosa la tasca depriment del canvi d’armari. Recupero un polo Lacoste vermell “de tota la vida” intacte. A l’interior conserva unes inicials que la meva mare hi va brodar (res d’etiquetes que s’enganxen amb planxa) quan la meva germana va marxar de colònies, allà pel Pleistocè. En canvi, algunes samarretes de baix cost que vaig comprar fa quatre dies ja estan fetes un moc. Em sap greu perquè m’agradaven i les hauré de llançar abans que me n’hagi cansat. Només a mi se m’acut comprar una samarreta bàsica negra en una franquícia de quatre rals esperant que duri.

En aquest article de Faircompanies, expliquen com Zara, Mango, H&M o Primark no canvien les temporades 2 vegades a l’any, ni tan sols 4 vegades per any, sinó unes 15 vegades o fins i tot més, en alguns casos. Qualsevol que hagi anat a comprar a Zara sap que cada dos per tres hi ha roba nova i que cal afanyar-se si hi ha alguna peça que t’agradi. Les compradores més expertes fins i tot saben quins dies arriben les noves remeses. Justament l’acceleració i abaratiment del procés de producció i distribució és la clau del seu èxit. Les peces de roba barates i en constant renovació desfermen la febre compradora dels clients que volen anar a l’ultimíssima moda. Segons afirma la investigadora i consultora sobre moda Kate Fletcher en l’esmentat article, al Regne Unit entre 2003 i 2007 les peces de roba es van abaratir un 10%. i la gent va augmentar la compra de roba en un terç.

I com poden fer peces tan barates?, em pregunto com si acabés de baixar de la figuera. Les etiquetes made in Bagladesh o Vietnam parlen per si soles tot i que s’ha de dir que no només les firmes de baix cost treballen en aquests països. En disseny el grup Inditex i d’altres sovint no s’escarracen gaire. Són famosos els clons de models d’alta gamma tal com vaig explicar en aquest post. D’altra banda, Greenpeace, al seu informe Dirty Laundry, denuncia l’ús de components contaminants prohibits a la UE per part de marques conegudes per tots.

Contra aquesta dèria per consumir moda de saldo ja fa uns anys va sorgir el moviment slow fashion. Carlotta Cataldi ens explica en aquest article de Ma Ka Green i també en el seu bloc en què consisteix. En definitiva es tracta de millorar la qualitat de vida de qui consumeix roba i de qui la fabrica comprant menys roba i de més qualitat, de teixits ecològics o naturals, de comerç just o feta per dissenyadors locals.

Em quedo també amb els consells de Cattaldi (i algun més que hi he afegit) per frenar el tsunami de roba malaguanyada que va a parar als contenidors . Actituds que, fins i tot, comencen a estar de moda.

  • Comprar roba més clàssica i de qualitat, feta per durar.
  • Comprar roba vintage. El bloc Barcelona Vintage pot ser una bona guia.
  • Arreglar-se la roba o fins i tot fer-nos-la nosaltres mateixos. La dèria del DIY (Do It Yourself) s’esten i proliferen les classes de costura per arreu.
  • Intercanviar-se roba amb familiars, amics i coneguts. Ja no ens ha de fer vergonya donar o rebre roba. No som pobres, per favor, som slow!
  • Apostar per dissenyadors locals. Per gaudir de la creativitat i bona feina de joves eemprenedors locals només cal donar-se una volta per Gràcia o el Born.
  • Fer-se minimalista, tal com proposa Valentina Thörner amb el projecte 3 mesos amb 33 peces de roba. Tot i que si volem una lliçó de minimalisme i imaginació mireu què es pot fer amb un únic vestit negre durant un any. (Es desconeix, però, el cost en complements).

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  • I si no ens podem resistir al low cost, H&M s’ ha apuntat al carro ecològoic i ha presentat aquest any la Conscious Collection.

Qué bé! Ara ja no sóc massa pobra per comprar barat (i per comprar car), ara sóc una slow fashionista.

Creix el consum verd (II)

El preu, la principal barrera
Però, sens dubte, el preu és el principal fre al consum dels ecològics, ja que costen entre un 20% i un 30% més. La majoria de consumidors els veu com un luxe que no poden permetre’s habitualment. «El preu i el desconeixement del valor diferencial són dos factors que van lligats. El preu és més alt, però també és més car un Audi A6 que un SEAT Toledo. Tots dos fan la mateixa funció, tanmateix la gent sap o li expliquen per què un és més car que l’altre i ho entén. Molta gent tria un Audi en lloc del Toledo perquè està disposada a pagar per aquell valor diferencial. Amb els ecològics passa el mateix; un cop coneixes el valor diferencial, la barrera del preu està menys contaminada per la manca d’informació», afirma el director general de Veritas.

Pel president de la CCPAE, «el mercat del producte ecològic encara és petit i les despeses de transport i distribució són més altes. Si n’hi hagués més demanda es podrien abaratir. Ara bé, mai no es podrien igualar perquè estem parlant d’un producte diferent que ofereix unes garanties de control i de màxima qualitat, de salut i de sabor». Segons Arias, «quant a preu estem lluny de l’òptim. però tampoc es poden fer meravelles. Un taronger ecològic produeix 10 tones de taronges en lloc de vint, però les seves taronges porten un 30% més de vitamina C. Una vaca lletera produeix 20 litres de llet diaris en lloc de 60 perquè no li endossen hormones, però viurà 10 anys en lloc de tres i farà una llet de molt millor qualitat perquè no està estressada, viu a l’aire lliure i pastura. Si expliquem això, sempre hi haurà qui no ho valori, però d’altres sí que ho faran perquè saben que això beneficia l’organisme».

Interès social
Per l’estalvi en cost mediambiental i de salut podríem concloure que promoure el consum d’aliments ecològics és d’interès social. Segons Daniel Valls, «el CCPAE actua en diversos àmbits per fer aquesta promoció: llançant campanyes informatives; participant en les fires locals, comarcals i en les més importants d’àmbit nacional i internacional; exercint de ponents en conferències i xerrades; introduint l’aliment ecològic en menjadors escolars; entre moltes altres accions».

Tanmateix Silvio Arias considera que l’actuació de l’Administració és tímida. «Sempre es quedarà a mitges perquè parlar bé d’un article ecològic significa, en molts casos , parlar malament dels altres. Per què no expliquen que amb la producció ecològica casos com el de les vaques boges o el de les dioxines del pollastre mai no haguessin passat? Si es publica un estudi de la Generalitat en què s’alerta de la presència de components tòxics al nostre cos, per què no es diu que menjant de forma ecològica podem evitar tot això?». El director general de Veritas afegeix que «nosaltres tampoc no volem posar la por al cos perquè les campanyes negatives, com els missatges dels paquets de cigarrets, no serveixen per a res. S’ha d’anar en positiu i que el consumidor ho descobreixi per si mateix». I cada cop hi ha més persones que ho fan.

Creix el consum verd (I)

 

(Article publicat a la revista Comerç i Gestió)

Malgrat la crisi econòmica, augmenta el nombre de consumidors que volen posar la salut, el sabor i la consciència mediambiental per sobre del preu. Una tendència encara marginal al nostre país, però ja consolidada en d’altres estats europeus.

Des de fa un temps, els productes ecològics han anat conquerint espai als lineals del súper. Abans hi havia quatre referències mal comptades i ara ja tenen una secció pròpia. Això és així als supermercats Bonpreu, però també a Eroski, on tenen la seva pròpia marca d’alimentació ecològica, a Alcampo i en d’altres supermercats convencionals. La cadena Veritas, dedicada exclusivament a articles ecològics, ja ha obert 19 botigues en els seus set anys de vida i el 2010 preveu crear-ne tres o quatre més.

El consum d’aquesta mena de productes va augmentar el 2008 al voltant del 15%. Veritas va créixer un 20%, «sense comptar les tres botigues noves seria l’augment seria d’entre un 3% i un 5%, que no està gens malament en els temps que corren», afirma Silvio Arias, director general de la cadena. Segons el Consell Català de la Producció Agrària Ecològica (CCPAE), en els darrers anys els cens de productors també s’ha incrementat a raó d’un 15% o un 20% anual.

Salut, sabor i consciència mediambiental

Aquesta és la tríada de motius que mouen el consumidor de producte ecològic. Tenir cura del propi cos ha esdevingut prioritari per a la majoria de la població, que va incorporant hàbits com l’esport, els tractaments de bellesa i de benestar i ara també el menjar ecològic. Els primers resultats del projecte Quality Low Input Food, impulsat per la UE, conclouen que menjar aliments ecològics és equivalent a menjar una porció extra de fruita i verdura al dia.

Alguns han començat a fer-ho perquè han tingut un ensurt amb la salut. El fet de tenir un fill també és una porta d’entrada. «Molts pares es plantegen per primer cop el que mengen quan tenen un fill. Volen donar-li el millor. Llavors, comencen a preguntar-se si un potet ha de tenir tants “Es” o si porta midó modificat», explica Silvio Arias.

També hi ha qui busca qualitat i retrobar un sabor perdut. Segons ens explica el director general de Veritas, les fruites i les verdures ecològiques són més saboroses perquè els nitrats usats en la producció convencional fan créixer la planta més verda i de forma més ràpida, però la fan molt més hidrosoluble i amb molta més aigua. Per tant, el sabor està molt més diluït. En canvi, un producte ecològic conserva les seves propietats naturals.

La producció ecològica també té efectes positius en el medi ambient, perquè pal·lia, per exemple, el fenomen de la desertització. «Evita contaminacions ambientals, ja que no fa ús de productes químics de síntesi com plaguicides, fungicides i herbicides; crea agroecosistemes que afavoreixen la fertilitat de la terra i fa servir espècies adaptades a l’entorn», afirma Daniel Valls, president del CCPAE.

Consum residual

Tot i el creixement esmentat, el consum d’ecològics a Espanya encara és residual. Segons un estudi del Ministeri de Medi Ambient, el 2007 la compra de fruita, verdura i oli ecològics no va arribar a 10 euros per persona i any, menys de l’1% de la despesa alimentària per càpita. Entre el 75% i el 90% dels productes ecològics produïts a Espanya es destinen a l’exportació.

Segons el mateix estudi, el principal problema és que el consumidor no té clar en què es diferencia un producte ecològic d’un convencional. «Els productes vegetals ecològics són productes cultivats sense adobs ni pesticides de síntesi química, per tant no porten residus d’aquestes substàncies. Tampoc estan autoritzats els cultius transgènics», explica Daniel Valls. «Els productes animals ecològics són productes que provenen d’una ramaderia que proporciona unes condicions de vida dignes. L’alimentació d’aquest bestiar es realitza amb productes ecològics. Els antibiòtics no estan autoritzats», afegeix.

També proliferen les llegendes que asseguren que molts productes anomenats ecològics realment no ho són. Ecològic, biològic i orgànic són paraules sinònimes que alguns fan servir alegrement, però que només són aplicables als productes que compleixen una normativa europea (Reglament CE 834/2007 i CE 889/2008) igual per a tots els països de la Unió. Per evitar confusions, el més senzill es comprovar si el producte està certificat. A Catalunya aquesta feina la fa el CCPAE. A l’etiqueta dels productes catalans han d’aparèixer les paraules «Agricultura ecològica» i el segell o el logotip del CCPAE. El problema, però, és que cada estat (i en el nostre cas, cada comunitat autònoma) té un organisme encarregat de certificar els productes ecològics amb un segell propi. Així, a Veritas podem trobar productes certificats amb 12 segells diferents entre països i comunitats autònomes. No serà fins al juliol del 2010 que hi haurà una única etiqueta ecològica per a tors els països de la UE.