Archive for abril 2012

Por Sant Jordi, cinco librerías de Gràcia

Años atrás, las grandes superficies eran el demonio con cuernos que habría de devorar al pequeño comercio de barrio. La amenaza se cernía también sobre las librerías: la Fnac daría el toque de gracia al librero tradicional. Y es cierto que durante un tiempo parecía imposible comprar un libro que no fuera un best seller sin tener que coger el metro. Sin embargo, hoy en día, el pequeño comercio y las pequeñas librerías siguen vivas, cuando menos en Gràcia. Así que en la fiesta del libro (que no de la literatura, por si alguien todavía está confundido) os recomiendo un paseo por cinco librerías de Gràcia.

Pequod

Pequod, el barco que comandaba el capitán Achab en busca de la gran ballena blanca Moby Dick, da nombre a esta nueva librería de la calle Milà y Fontanals. En el escaparate, una vieja bolsa de viaje de cuero marrón derrama los clásicos de Dickens y alrededor de una Olivetti los libros del malogrado Félix Romero, la edición de Cuentos Completos de Maupassant y El otro McCoy de Brian McAdams del cual emerge un punto de libro con la exhortación “Lo estamos leyendo. Pregúntanos”. En la puerta un póster proclama “Reading is sexy” con una imagen de James Dean con gafas de pasta leyendo un libro. No puedo estar más de acuerdo. Dentro del cálido refugio del Pequod, todo parece en calma pero hay mar de fondo. Pere y Consuelo preparan el primer Sant Jordi de su pequeña librería. Consuelo me explica que pondrán una parada en la Travessera de Gràcia e irán a firmar autores como por ejemplo Juan Soto Ivars. Su libro Siberia editado por El olivo azul es uno de los que me recomienda por Sant Jordi. También Westwood de Stella Gibbons, autora inglesa recuperada en nuestro país por la joven editorial Impedimenta. Y es que los sellos independientes son la especialidad de Pequod e Impedimenta es la editorial del mes. Por eso sus libros tienen un 5% de descuento durante abril. También todos los de Robert Louis Stevenson, autor del mes. Además de novedades y reediciones de clásicos, Pequod ofrece una remarcable selección de libros de segunda mano desde 3 euros. Después de casi un año de singladura, Consuelo se muestra contenta de la acogida e ilusionada con la perspectiva de abrir un nuevo espacio en el piso de arriba donde organizarán talleres de escritura y clubes de lectura. Para estar informados os aconsejo leer el Pequod Daily.

Taifa

Taifa es el reino del libro de segunda mano en Gràcia (aunque también tienen un buen puñado de novedades) y la casa de Batlló, su propietario. Ya hace más de veinte años que Josep Batlló está en este negocio, aunque me recuerda socarrón que, como decía José Manuel Lara, un negocio que no te permite levantarte a las 12 del mediodía no es un negocio”. Con el mismo distanciamiento del que está de vuelta de todo me comenta que pondrán una mesa en la calle por Sant Jordi. “Pero Batlló, explícale qué haremos!”, le regaña una chica rubia desde lo alto de la escalera donde hace inventario. Entonces me dice que firmarán libros cuatro autores músicos asiduos de la sala Heliogàbal y vecinos y clientes de Taifa (“no tienen bastante con hacer música que se tienen que poner a escribir”). Son Víctor Nubla con Como caza un dromedario, Santi Balmes (Love of Lesbian) con Mataré monstruos por tí, Martí Sales (Surfing Sirles) con Ara és el moment y Ramón Rodríguez (The new Raemon) con Ausencias. Batlló también me explica que dentro de unos días harán la presentación de El vol del Quetzal, la última novela de Pius Alibek, otro ilustre vecino de Gràcia que regenta el restaurante Mesopotamia en la misma calle Verdi. Pero esto será después de Sant Jordi. Para este día, Batlló, después de hacerse un poco el remolón, accede a recomendarme dos novedades: Jo confesso de Jaume Cabré y La dona que es va perdre de Marina Espasa.

Hibernian

Seguimos con libros de segunda mano pero en este caso exclusivamente en inglés. Hibernian es la única librería de estas características en Barcelona. También tienen libros nuevos, “clásicos y títulos que la gente siempre nos pide, como por ejemplo 1984 o Homage to Catalonia de George Orwell”, asegura el irlandés Ray, copropietario de Hibernian junto con Vicky. Hibernian nació hace ocho años con una colección de más de 30.000 libros traídos desde Dublin (Hibernia era el nombre que los romanos daban a la isla de Irlanda). Desde entonces la librería se nutre también de los volúmenes que traen sus clientes. En Hibernian hacen una valoración del lote que no se paga en dinero sino en crédito para comprar otros libros. Eso sí, una pizarra advierte que no se acepta el Código da Vinci, ni el Diario de Bridget Jones ni títulos de Michael Crichton, Tom Clancy, Frederick Forsyth entre otros agraciados. Por Sant Jordi sacarán la paradita a la acera de la calle Montseny y aplicarán un descuento del 5% para los libros nuevos, un 10% para los de segunda mano y un 25% para las antigüedades.

Cap i cua

Antes de entrar, fascinada cómo estoy mirando la portada del libro Barcelona balla en el escaparate, un cliente saliente me advierte: “no te pierdas la sección un poco escondida de la derecha”. Interesada, entro enseguida a verla pero lo que más me llama la atención no es la recomendación en sí, sino esta familiaridad, la misma que se respira en esta librería del Torrent de l’Olla, 99. Y es que Pepitu es un librero que disfruta charlando con todos los vecinos de Gràcia que se acercan a comprar libros o sencillamente a saludarlo. Con las gafas de montura clara en la punta de la nariz, igual busca una “novela entretenida” y lo último de Gerónimo Stilton a una señora, que vende el periódico de crítica social Diagonal a un joven de estética okupa. Además de libros de narrativa, Pepitu destaca su sección de ciencias sociales “un poco alternativa” donde encuentro, precisamente Hay alternativas de varios autores, Estados Canallas de Noam Chomsky o el manifiesto Economistas aterrados. Por Sant Jordi me recomienda, sin embargo, algo más alentador, Los hijos de los días de Eduardo Galeano, y, aunque no sea exacatmente una novedad, Primavera, estiu, etcètera de Marta Rojals. Cómo hacen desde hace años, Pepitu y su mujer bajarán a Barcelona a poner la parada en La Rambla

Casa Anita.

Todas las librerías reseñadas tienen una sección infantil con títulos interesantes pero Casa Anita es allá donde viven la Caperucita, el Patufet, el Grúfalo, la vaca Taca, el Pez Irisado, Olivia y, por supuesto, Max, el protagonista de Allá donde viven los monstruos, el cuento que me abrió los ojos (idiota de mí) a la literatura infantil. Casa Anita es más que una librería de Gràcia pues sus adeptos vienen de todas partes. Oblit tenía claro que necesitaba especializarse si quería recibir clientes de más allá del barrio. Su pasión por el álbum ilustrado la ayudó en su decisión tomada ahora hace siete años. Pedirle a Oblit que recomiende un título, tanto en calidad de clienta como de periodista, es seguirla arriba y abajo mientras despliega con delicadeza libros y más libros. Coco i Piu de Alexis Deacon para los más pequeños, El perro y la liebre de Rotraut Susanne Berner a partir de siete años, El pequeño tigre rugidor de Reiner Zimnik a partir de 10 y Ciudad de huérfanos de Avi para más de 12. Ah! Y por Sant Jordi no puede faltar un dragón, concretamente El rey Hugo y el dragón de Peter Bently. Casa Anita estará en el Pla de Salmerón celebrando el encuentro de ilustradores que firmarán (o dibujarán) libros. Y ahora que viene el buen tiempo, más actividades en el magnífico patio interior de Casa Anita en la calle Vic, 14.

Mercadillos de rodajes: del plató a mi armario

Este vestido diseñado por Mar López también estaba a la venta

En estos tiempos de guerrilla, los chollos surgen de fuentes inesperadas y nos llegan, casi siempre, vía internet. Lo último son los mercadillos de ropa de rodajes de cine y televisión así como de obras de teatro. Espoleada por la promesa de saldos y por la curiosidad, me presento en el mercadillo que organiza Mar López, diseñadora de moda, estilista y personal shopper en el almacén que tiene en la Plaza de la Virreina. Antes de que la fiebre compradora se apodere de mi voluntad, tomamos un café en una terraza de la plaza y charlamos un rato con Mar sobre de dónde viene y dónde va a parar la ropa que se usa en los rodajes.

En la época dorada de Hollywood, todo el vestuario de las grandes producciones era creado ad hoc por diseñadores a sueldo de los grandes estudios. Pero el star-system comenzó a hacer aguas y desde entonces el trabajo del diseñador de vestuario de espectáculos se ha ido transformando cada vez más en una tarea de estilista, tal como explica el artículo Vestidos con menos alma de la revista Atelier. Como diseñadora textil especializada en espectáculos, a Mar lo que le gusta es hacer sus propias creaciones pero para eso depende del presupuesto disponible. Si no, tiene que salir a a comprar ropa y customizarla, es decir, adaptarla.

El vestuario también se alquila o lo ceden los fabricantes a cambio de publicidad. Esta opción es muy común en series de televisión donde en los créditos finales de cada capítulo salen las marcas que han intervenido en el mismo. La ropa cedida a veces se devuelve o se regala al actor o estilista. Cuando no es así, el vestuario puede quedar en manos de la productora o del diseñador (si es un profesional independiente como Mar López) según lo que se haya acordado. Los rodajes generan un volumen ingente de ropa de segunda mano difícil de gestionar y almacenar y que, según me cuenta Mar López, en muchos casos se acaba enviando a Cáritas. En otros, se guarda para utilizarla en futuros proyectos.

Personas y personajes

Cada proyecto es una nueva aventura. A Mar le brillan los ojos cuando me explica lo apasionante que es construir la imagen de un personaje a partir de su perfil, tarea que es necesaria, no sólo en las producciones de ficción, sino también cuando se trata de vestir a presentadores pues a menudo tienen que dar una imagen muy diferente a la suya. “Haces propuestas sobre personajes y después te encuentras con personas”, afirma. Y es que además del director del espectáculo, los actores y presentadores también quieren imponer su criterio. “Unos son muy flexibles pero a otros les cuesta adaptarse. Hay quien sólo quiere llevar ropa de marca o quien, por ejemplo, no quiere llevar modelos ajustados aunque el personaje lo requiera”, explica.

De todos modos, Mar es consciente de que “en el momento en que te contratan entras en en un engranaje”. Las producciones de época son las más costosas, tanto en cuanto a dinero como a trabajo, pues se tienen que caracterizar desde los actores principales hasta los extras, tal como ha hecho en películas como, por ejemplo, Coronel Macià o la TV movie Una Carta para Evita todavía por estrenar. También ha intervenido en series como El cor de la ciutat o La Riera. De estos culebrones siempre me ha hecho gracia que los personajes, aunque figure que no llegan a fin de mes, van cambiando constantemente de modelito. Según Mar, esto es debido a la complejidad de organización. A menudo se ruedan hasta tres capítulos a la vez y usar la misma ropa en más de una escena, con el correspondiente trabajo de tintorería, plancha y transporte, es del todo imposible.

¿Lo peor de este oficio? Mar lo tiene claro: “querer hacer cosas bonitas y no tener suficiente dinero para ello”. Desgraciadamente esta situación cada vez es más común. El trabajo escasea y está más mal pagado que antes y Mar ha optado por no aceptar encargos a precios reventados. No quiere devaluar su profesión y sólo trabajará en aquellos proyectos que le resulten interesantes. Por eso, junto con dos socios, ha decidido abrir un negocio, muy probablemente de restauración, en el almacén donde guardaba vestuario y demás material.

Y aquí es donde ahora me encuentro revolviendo la ropa de segunda mano que han vestido actores y actrices durante unas horas para meterse en la piel de una dama de los años 30 o de un adolescente de Sants. El mercadillo dura sólo cuatro días y los precios son de risa pues interesa vaciar el local. Las chaquetas cuestan diez euros, las camisas y camisetas, cinco, igual que los zapatos. Un vestido estilo años 30, quince euros y la bisutería va a un euro la pieza. Tanto da si son de Zara o de Burberry . Además de la ropa más convencional, también hay piezas de fantasía: un sombrero de torero, máscaras de goma y unos preciosos vestidos de primavera y de reina de la noche que esperan su Cenicienta.

Este es el tercer mercadillo de rodajes que organiza Mar, pues también ha ayudado a compañeros de profesión a sacarse material de encima y me asegura que no será el último pues es una actividad de la cual todo el mundo saca provecho y que está muy en boga. Ya hace dos años que abrió en Internet El armario de la tele con ropa utilizada en programas de televisión y donde se muestran las fotos de la presentadora o actriz con el modelo en venta. También hace poco que ha abierto en Gràcia, en la calle Penedès número 11, Me encanta!, outlet de atrezzo de series de televisión. En Me encanta! encontraréis algunas prendas de ropa de rodajes pero sobre todo menaje del hogar y decoración, en algunos casos con el morbo añadido de encontrar un cuadro o una mesita que quizá habéis visto mil veces en Infidels o en Gavilanes tal como indican algunos letreros. El cartel de carretera indicando el camino a Ventdelplà, que veréis colgado, no está en venta.

Con una bolsa llena de ropa y complementos, incluida una chaqueta con la cual me siento como Emma Vilarasau, me despido de Mar. Espero, sin embargo, volverla a ver pronto en un mercadillo. Si queréis ir, no os puedo dar ninguna web ni ninguna dirección pero quizás un día os llega un correo avisándoos de ello. La incertidumbre también tiene su encanto.

Economía y preservación del paisaje: el aceite milenario

Un olivo milenario de Xert. (Foto de Martí Bori)

Desde hace unos años paso algunos días de vacaciones en Xert, un pueblo del Baix Maestrat con 900 habitantes,7 tiendas (incluyendo la farmacia), sin zonas wi-fi pero decenas de bellos olivos milenarios. Me gustaría explicar que recorriendo los campos de Xert me quedé prendada de la belleza de estos monumentos naturales, de sus troncos que no crecen con voluntad firme, compactos y verticales, sino que a lo largo de los años divagan, se retuercen y se parten. Pero no. He tenido algunos de estos ejemplares ante mis narices detrás la ventanilla del coche varias veces pero no les había prestado atención. La primera vez que me hablaron de olivos milenarios fue en Barcelona. Jaume Biarnés, jefe de cocina del departamento de investigación de la Fundación Alícia (centro de I+D gastronómico), me explicó que trabajaba en un proyecto sobre el aceite de estos olivos crecidos a ambos lados del río Sènia. Entonces me acordé del pueblo que me regala cada año unos días de tregua, el sabor especial de su aceite y el sereno paisaje de sus olivos.

Biarnés me explica que “en estas tierras siempre se había producido aceite a granel para enviarlo a Italia. Allí lo envasan y envuelven con un buen packaging y lo venden a 100 dólares la botella en Nueva York, Shanghai y Sidney. En los años 90 se puso de moda entre los millonarios alemanes e ingleses tener un olivo milenario en el jardín y los campesinos empezaron a vendérselos”. Juan Antonio Adell, director de la Cooperativa Sant Marc de Xert, me explica que se han llegado a pagar 6.000 euros por algunos de estos olivos que, lejos de su clima, han acabado muriendo o, lo que quizás es peor, coronando las monas de Pascua de las rotondas de las carreteras. En El País, sin embargo, ya hablaban de 15.000 euros por un olivo de La Jana, cantidad de la cual los agricultores sólo ven una pequeña parte pues el resto va a parar a manos de intermediarios. En cualquier caso, un campesino tiene que vender muchos litros de aceite a granel para ganar 6.000 mil euros.

Aceite contra el expolio

Para detener el expolio de este preciado patrimonio histórico y forestal, la cooperativa comarcal Clot d’en Simó que agrupa la cooperativa de Xert y las de otros siete pueblos de la comarca, empezó a considerar estos olivos y su aceite como lo que realmente son: un tesoro. En 2003 iniciaron la producción y venta de aceite procedente exclusivamente de olivos milenarios para que los propietarios pudieran sacar un mayor rendimiento económico de estos magníficos ejemplares y así sustraerse a la tentación de venderlos. Clot d’en Simó también promueve diversas rutas para contemplar estos árboles monumentales.

Paralelamente, la Asociación Territori del Sènia, presidida por Jaume Antich y que reúne a 27 municipios catalanes valencianos y aragoneses de la zona, también ha puesto en marcha un proyecto para proteger estos olivos. Además de la elaboración de ocho marcas de aceites milenarios, la Asociación, con el asesoramiento de un biólogo, catalogó todos los olivos milenarios del territorio considerando como tales, los que, a 1,30 metros del suelo, tienen un perímetro de tronco de 3,5 metros (Adell, me habla de 5 metros de perímetro a 1,5 del suelo). Los olivos que cumplen las medidas mencionadas están señalizados con una placa y actualmente se han inventariado cerca de 4.500. Esta cifra supone la mayor concentración de olivos milenarios del mundo. Por su parte, la Fundación Alícia ha participado con una guía fruto de un exhaustivo estudio histórico- gastronómico, de 60 recetas elaboradas con aceite milenario para los 60 restauradores de la zona que se han comprometido incluir uno de estos platos en su carta y promover el aceite.

Según Juan Antonio Adell, el proceso de elaboración del aceite Milenario de la Cooperativa Clot d’en Simó comporta un importante coste de organización, pues se lleva a cabo durante un solo día. La jornada empieza de madrugada recogiendo las olivas de los árboles milenarios a mano. En la cosecha intervienen un técnico y varios controladores, uno por pueblo, para verificar la autenticidad y calidad de las olivas. A partir de las cuatro de la tarde, las olivas entran en el molino para ser prensadas. El director de la cooperativa asegura que este escaso margen de tiempo entre la recogida y la prensada (menos de ocho horas) hace que el aceite de oliva conserve todo su sabor. Otra característica de este oro líquido es que proviene únicamente de olivos milenarios de la variedad farga. Para Biarnés, estos aceites hechos con variedades de oliva como la farga, la morruda o la sevillenca “son interesantes porque ofrecen unos sabores diferentes a los que solemos encontrar en el mercado, aquí en Cataluña dominado por la arbequina”. Ahora bien, según el jefe de cocina de Alícia, más allá de la emoción de probar el aceite de los mismos olivos que explotaron los romanos, las propiedades organolépticas de los aceites milenarios son las mismas que los que provienen de olivos más jóvenes. “Si son de mejor calidad quizás es porque los labradores se esmeran más en su elaboración”, puntualiza.

¿Una pijada o un privilegio?

La botella de medio litro de aceite milenario cuesta vale 20 euros. ¿Una pijada? ¿Un privilegio? ¿Una manera de contribuir a que los olivos milenarios sigan existiendo? Biarnés considera que “estos aceites son para venderlos en Nueva York o en Shanghai como producto de lujo. Los de la Asociación Territori del Sènia ya se están introduciendo en China, Europa y Australia (en Estados Unidos cuesta más debido a la presión del lobby italoamericano). Hace poco nos visitó un empresario de China y se llevó todas las botellas. Son una buena estrategia de marketing para abrir mercados exteriores a otros aceites más económicos de la zona”.

Sin embargo, en el Club Gourmet del Corte Inglés, un escaparate ideal para vender a turistas japoneses, americanos o alemanes, no hay ni una botella de estos aceites. En cambio si que encuentro aceite de Arbequinas y aceite de Picual “envasado para Marqués de Griñón” (no indica la procedencia)a 48 euros el litro. También se puede comprar el aceite Primero Royal Temprana de Castillo de Canena a 42 euros el litro o el Olea Summum de Les Garrigues a 26 euros la botella de 700 ml. José Antonio Adell reconoce que el aceite Milenario sólo se puede comprar directamente en la tienda física o virtual de la cooperativa Clot d’en Simó o por encargo directo. Se lamenta, “las cooperativas sabemos hacer muy bien las cosas pero no nos sabemos vender”.

Jaume Biarnés me explica que a la Asociación Territori del Sènia les ha costado mucho entender la necesidad de invertir en comunicación, la importancia de una buena página web o de estar bien posicionados en Internet. De hecho, si buscamos “aceite milenario” en Google, la página de esta Asociación todavía no sale entre los primeros lugares. El jefe de cocina de Alícia cree que el territorio del Sènia podría ser conocido como la tierra del aceite del mismo modo que la Borgoña es la tierra del vino però haría falta que todos los agentes se implicaran en serio en su promoción. “Para abrirse al mundo hay que sentirse orgulloso de tu tierra, hay que creérselo”, sentencia.

Mientras no llega el turismo del aceite, he vuelto a Xert para recorrer a pie y sosegadamente los caminos de los olivos milenarios. Y, ahora sí, me quedo embobada pensando en cuántas manos, generación tras generación, han cosechado estas olivas con un gesto idéntico mientras los olivos se aferran a la tierra donde han nacido.