Archive for marzo 2012

Cloudhousing: más allá de la hipoteca y el alquiler

En Can Batlló (Barcelona) podría hacerse un proyecto de cloudhousing si el Ayuntamiento se decidiera a ello (Foto: Xavi Perramon)

¿Por qué tenemos que tener en nuestra casa una habitación de invitados si sólo la utilizamos algunos días al año? ¿O un despacho si sólo lo usamos de noche? ¿Hace falta un comedor para quince personas si sólo organizamos comidas multitudinarias un vez al mes? Y la habitación del niño, ¿tiene que estar llena de juguetes? ¿Es lógico que en una finca hayan 30 contratos de teléfono y wi-fi, uno por piso, en vez de uno sólo que convierta todo el edificio en zona wi-fi? Y lo mismo podría decirse de los suministros de gas o luz.

Mariona Soler empezó a hacerse estas y otras preguntas hace cuatro años, cuando trabajaba de interiorista y el sector de la vivienda tal como lo había conocido hasta entonces se empezaba a hundir. “Estaba muy bloqueada. Pensando en posibles salidas me fijé en las viviendas tuteladas para gente mayor donde los usuarios disponen de servicios y espacios comunes y me planteé: ¿por qué sólo para gente mayor?”, recuerda Mariona. “En aquella época empecé a moverme muchísimo y asistí a conferencias y cursillos para no quedarme estancada. En una conferencia sobre cloud computing me di cuenta de que este concepto tenía puntos en común con mi idea, como, por ejemplo, el pago por uso, y se me ocurrió llamarla cloudhousing”, añade. En 2010 registraba la marca y empezaba a buscar un equipo. Implicó a la arquitecta Alessandra Graziani, al profesor de marketing de Esade y experto en consultoría de empresas Eduard Llobet, Valetina Thörner, autora del blog Sostenibildad y minimalismo y Rosó Soler, especialista en diseño. Juntos han puesto en marcha vida+facil, empresa que promueve un nuevo modelo de vida a través de una nueva forma de relación con la vivienda más allá de la hipoteca y el alquiler

El cloudhousing concibe el edificio como una empresa de servicios a cargo de un gestor que vela por el mantenimiento de los espacios y dinamiza su uso. Existen dos tipos de espacios: los habitacionales y los comunes, y el usuario sólo paga por el uso que hace de ellos. Como espacios comunes puede haber una sala de coworking, una de juegos infantiles donde compartir los juguetes u organizar, por ejemplo, un grupo de crianza compartida. También un huerto urbano o un espacio gastronómico que puede funcionar como restaurante pero que los usuarios también podrían reservar para fiestas o comidas familiares. Los espacios habitacionales también se pagan por uso. Conforme cambian las necesidades de los usuarios, éstos pueden cambiar a una vivienda más grande o más pequeña, (dentro del propio inmueble o de la red de edificios cloudhousing) También pueden reservar un espacio habitacional para invitados.

Los edificios de cloudhousing son inmuebles rehabilitados con criterios de arquitectura sostenible (uso de materiales de bajo impacto ambiental, eficiencia energética, energías renovables como, por ejemplo, paneles solares…). Además, están pensados para facilitar a los usuarios la práctica de unos hábitos más ecológicos instalando zonas de recogida selectiva de basura, parking de bicicletas o puntos de recarga de coches eléctricos. Otra característica del cloudhousing es que todos los suministros (agua, luz, gas, wi-fi) se centralizan en un único contrato por edificio de forma que resultan más económicos para los usuarios que además se evitan el engorro de contratarlos cuando entran a vivir. vida+facil también propone otros servicios comunes como por ejemplo, limpieza o compra colectiva que también supondrían un ahorro.

Para los propietarios de edificios vacíos o necesitados de rehabilitación, el cloudhousing supone una salida beneficiosa. El hecho de sacar al mercado una oferta diferenciada y atractiva proporcion una demanda y una rentabilidad constante. El cloudhousing implica un mantenimiento continuo de todo el edificio lo cual minimiza los costes de conservación y evita la degradación y pérdida de valor del inmueble. Por otro lado, la flexibilidad de los espacios comunes polivalentes hace que aumente su uso (y no sólo por parte de los usuarios), y por lo tanto la rentabilidad. “De este modo, cuántas más utilidades encontramos para los espacios comunes, más beneficios para los usuarios, para el propietario, y para el barrio Se trata de buscar un beneficio compartido”, asegura Mariona. En vida+facil quieren romper el círculo vicioso de que para que unos ganen otros tienen que perder. Los propietarios ya no pueden esperar ganar mucho invirtiendo muy poco, tal como pasaba antes. Ahora quizás tendrán que invertir más y ganar algo menos. Esto no quiere decir que no obtendrán ganancias sino que habrá un mayor equilibrio entre inversión y beneficios. “Habíamos convertido la vivienda en objeto de especulación cuando en realidad se trata de una necesidad básica, de un derecho”, afirma Alessandra Graziani.

vida+facil ha empezado a presentarse a concursos públicos cómo, por ejemplo, el convocado para rehabilitar el centro histórico de la ciudad de Auletta (Italia) destruido a causa de un terremoto. También han iniciado su primer proyecto piloto en Torelló y están en conversaciones con un cliente propietario de varios edificios en Barcelona. Paralelamente han empezado a difundir y explicar la idea del cloudhousing tal como hicieron en su primera presentación pública el pasado 23 de marzo en la sede de la Agenda 21 con una muy buena acogida. Cómo dice Mariona, “cuando empezamos teníamos la sensación de que íbamos contracorriente. Ahora la corriente está cambiando”.

El mercado de las segundas oportunidades

Ahora que los mercados y tiendas de segunda mano están de moda, con más de seis siglos de historia a sus espaldas, los Encants Vells podrían dar lecciones de reutilización y recuperación. Y no sólo de objetos antiguos y de segunda mano sino también de artículos nuevos que no han encontrado salida: muebles, juguetes, libros, tubos de silicona, cables, monos de trabajo, botellas vacías… Aquí todo se aprovecha. Los Encants Vells (el nombre oficial es Fira de Bellcaire) lo forman cerca de 500 comerciantes que ocupan 15.000 metros cuadrados junto a la Plaza de las Glorias de Barcelona por donde pasan unos 100.000 compradores cada semana. Es uno de los mercados más antiguos en Europa y el único que ofrece un espectáculo fascinante: la subasta pública.

Cada lunes, miércoles y viernes, a partir de las siete y cuarto de la mañana, en el patio central del mercado aparece Paco, el encargado de subastar los lotes de objetos provenientes de casas, tiendas y fábricas que han cerrado sus puertas. El subastador es un hombre de unos sesenta años con abundantes cabellos y bigotes de color blanco grisáceo. Se protege del frío de la mañana con una chaqueta gruesa de paño marrón, pantalón de pana y bufanda de cuadros. Sobre la ropa lleva un delantal cuadrado con bolsillos verdes y en las manos un soporte de madera desgastada con el listado de la subasta y un martillo. Paco anda decidido pero cachazudo entre las sábanas extendidas en el suelo cubiertas de objetos de todo tipo mientras un grupo de hombres lo sigue. Uno de ellos me explica que los vendedores de lotes son comerciantes acreditados. El comprador puede ser cualquier persona que se haya inscrito previamente pero tendrá que retirar el lote antes de las 9, sin poder realizar ninguna actividad comercial en el mercado. En la práctica, sin embargo, los compradores son también paradistas del mercado que venderán la mercancía ahí mismo.

Paco se para ante un lote, espera al vendedor y cuando lo tiene localizado, empieza la subasta. Los congregados hacen sus pujas en millares de duros. Mil, dos mil, cinco mil…hasta que, ante el silencio de los licitadores, Paco grita “Vendóoo!”, da un golpe de martillo a la madera y baja el brazo con el martillo boca abajo. Es la señal inequívoca de que la subasta ha terminado. Entonces el vendedor paga al subastador que extiende un comprobante. La conversión de los millares de duros en euros se hace de forma rápida, sin calculadora ni vacilaciones y, casi sin controversias. Hoy, sin embargo, el hombre con pañuelo verde envuelto en la cabeza que ha comprado un lote de libros viejos y alguna quincalla por siete mil duros, parece que no ve claro el cambio a 210 euros. El vendedor, vestido con chaleco y sombrero de napa negra, hace el gesto de querer arrancar el recibo de las manos de Paco gritando enfurecido “dame, que no vendo. Que soy gitano!”. “Entonces ¿para qué me has llamado?” contesta con una sonrisa socarrona Paco y resuelve la situación sin mudar el gesto ni levantar la voz ni un ápice. Más tarde, el gitano del sombrero comentará la escena riendo a un compañero. Aquí la sangre no llega nunca al río. La sobreactuación y el buen humor son condición indispensable en el regateo. Así se sucede un teatro del absurdo donde unos casi regalan lo que quieren vender mientras los otros desprecian lo que quieren comprar y todos se hacen los ofendidos o sonríen con ironía al oír la oferta del otro.

“¿Por cuanto me dejas el lote?” pregunta uno. “800 euros, pá que te ganes la vida”, le responden alegremente. Un hombre menudo y barbudo propietario de una parada de libros quiere comprar un cuadro a otro vendedor que acaba de adquirir un lote de preciosas antigüedades por 87.000 duros ( 2. 614, 40 euros) “Déjamelo por 30… ¡pero si es un cartón!”, le suelta a su impertérrito interlocutor “Venga, Llorenç, suelta la gallina”, dice riendo un vendedor con acento árabe a un hombre alto y delgado con cazadora de cuero. El aludido saca una fajo de billetes de 20 euros para comprar un juego de bandejas de porcelana. “Estos parece que los fabrico”, suspira con resignación fingida mientras entrega dos billetes. Son las nueve menos cuarto y con la compra reciente adquirida se va a almorzar al bar La Palmera, en el mismo mercado. Mientras, en el patio central continúan la subasta y los tratos. Todavía es un buen momento para adquirir las piezas más bonitas que vuelan enseguida de los lotes acabados de adjudicar en subasta. Otros paradistas o anticuarios de las tiendas cercanas al mercado se afanan a comprar los objetos más codiciados para su parada o para revenderlos a un tercer interesado. Tal como me explican, es fácil que un artículo valioso cambie de manos y de parada cuatro veces en una mañana. También hay los expertos, como un joven modernillo con patillas y gafas de pasta que remueve ropa de segunda mano o los que analizan una pintura con firma “Mestres Cabanes, 1993”, año en que el artista ya estaba muerto y enterrado. “Quizás es el hijo”, dicen.

A las 9.00 el mercado se abre oficialmente al público. Unas mujeres vestidas con pantalones y pañuelos coloridos de estilo hindú examinan las tiras de encajes, unos abuelos se prueban unas gafas de lectura a tres euros y una joven italiana con pinta de Erasmus se compra una bici de segunda mano por 35 euros. “Sólo hay que ponerle un cable y ya está”, asegura el vendedor. Hay quién tiene claro lo que busca (“un teléfono Heraldo de color rojo”) y quien, como yo, se debate entre el gancho de los productos nuevos (un pintalabios de Yves Sant Laurent por diez euros, unas camisetas de Zara por dos euros) y la fascinación por los objetos antiguos. Todas las cosas que he tenido y que creía perdidas están aquí: un plato de cerámica de casa de mis padres, un disco de Yes de mi hermano, mi disfraz de india sioux y mi muñeca, aquella que hacía carotas al hacerle rodar el brazo. ¡Si incluso lleva el mismo vestidito de terciopelo verde! Piden 35 euros por ella. El primer impulso es recuperarla, pero le coloco la mueca más grotesca que es capaz de hacer, la dejo y me alejo. Las elegías por las muñecas olvidadas de los Encants son un tópico falso y lacrimógeno. Aquí todo el mundo las adora, les echa piropos y las busca para darles una segunda oportunidad, una segunda vida (o más).

El futuro del periodismo

El mítico Lou Grant descubriendo las nuevas tecnologías

Cuando yo era una niña, los domingos por la tarde emitían por televisión el programa Fantástico presentado por el inefable José María Íñigo. Un día entrevistaba a un señor (no recuerdo su nombre) para hablar sobre cómo viviríamos en el futuro. Decía que todos tendríamos en nuestra casa “el cuartito” de las telecomunicaciones y desde allá nos conectaríamos para informarnos de todo lo que pasa en el mundo. “Entonces, ¿los periódicos desaparecerán?”, preguntaba Íñigo desconcertado. “Seguirán existiendo pero dentro de la habitación de las telecomunicaciones”, contestaba.

Ya hemos llegado a aquel futuro imaginado. El visionario desconocido se quedó corto respecto a la movilidad de las telecomunicaciones pero, tal como pronosticaba, pronto veremos la desaparición de los diarios en papel. Según Vicent Partal, fundador y director de Vilaweb, “al final de esta década difícilmente quedará alguno”. Así lo afirmaba en la conferencia Como financiar la información de calidad que tuvo lugar durante las XVIII Jornadas de Comunicación Blanquerna. “Si acaso”, afirmaba Partal, “vamos al operador único”, un solo diario local que quizás también será global, como The Guardian que está estudiando ediciones lingüísticas. “Quizás de aquí a unos años veremos The Guardian en catalán” afirmaba el director de Vilaweb.

Si desaparecen los periódicos en papel, ningún problema. Ya hace tiempo que los leemos en digital, ¿no? Sobre todo teniendo en cuenta los nuevos gadgets que facilitan su lectura. Además, las nuevas tecnologías permiten realizar proyectos periodísticos prácticamente sin inversión. Antes un licenciado en periodismo tenía que ser contratado por un medio para poder trabajar. Ahora, sólo tiene que abrir un blog o una cuenta en Vimeo, la plataforma multimedia de alta definición, para ejercer la profesión. Y sin los condicionantes de la agenda y los intereses de los grandes grupos de comunicación.

El hecho de que cualquiera pueda ser bloguero o colgar vídeos en la red genera mucha morralla pero también iniciativas periodísticas interesantes. Eva Domínguez y Jordi Pérez Colomé acaban de publicar el libro Microperiodismos, aventuras digitales en tiempos de crisis, una compilación de 13 iniciativas pequeñas e independientes. De entre ellas destaca 365d365e, un proyecto del periodista Oriol Rodríguez y del fotógrafo Carles Rodríguez que ha consistido en hacer una entrevista diaria tanto a personajes relevantes como anónimos. Cómo decían Partal y Piqué, ahora es el peor momento para el sistema de medios tal como lo conocemos pero el mejor momento para el periodismo.

La cuestión es ¿de dónde sacarán el dinero los digitales para sobrevivir y seguir informándonos? Los medios en papel se han financiado, principalmente, a través del precio que paga el lector y de los ingresos por publicidad. El lector ya no paga por los diarios digitales. Las iniciativas de cobrar para leer o los contenidos Premium han tenido poco éxito. En cuanto a la publicidad, los ingresos son muy exiguos comparados con el papel. En la citada conferencia, el consultor de comunicación Toni Piqué mencionó un estudio americano según el cual por cada 7 dólares que pierden los diarios de papel en ingresos publicitarios, los medios digitales sólo ganan uno. “La publicidad representa un 50% de los ingresos de los medios en papel y sólo un 15% de los digitales”, añadió. Esta diferencia viene dada por la segmentación de la audiencia y porque en Internet el anunciante paga sólo por los impactos reales que son perfectamente cuantificables.

La información de calidad tiene un coste. Piqué ponía como ejemplo que cubrir la guerra de Irak le costaba al New York Times 3 millones de euros al año. “Tenemos que hacer entender a los lectores que la información tiene un precio. Si no ¿quién nos explicaría la guerra de Iraq? ¿Los ayatolahs?” se preguntaba el consultor. La reflexión también es válida, no sólo para los grandes diarios, sino también para las aventuras de microperiodismo. ¿Cuánto tiempo pueden sobrevivir estos pequeños proyectos basados en periodistas trabajando por amor al arte? 365D365e es una iniciativa cerrada porque dos únicos profesionales no pueden mantener este nivel de trabajo, tanto en cantidad como en calidad, durante mucho tiempo, y menos sin cobrar. Oriol Rodríguez declara que su próximo objetivo es encontrar un empleo. De lo que sea.

Para seguir adelante Vilaweb ha decidido hacer, en palabras de Vicent Partal, “lo que todo el mundo dice que se tiene que hacer pero nadie hace: cobrar”. El precio fijado es de 16 céntimos diarios pero quien no los paga puede leerlo igualmente. De los 530.000 lectores de Vilaweb ya hay más de dos mil personas que han decidido pagar porque se identifican con el medio y quieren que siga existiendo. Forman una comunidad que Partal espera que crezca lo suficiente cómo para que en 2015 cubra un 25% del presupuesto.

David Domingo, profesor de periodismo de la URV, hace un llamamiento a los periodistas para que se emancipen de las grandes empresas y propone otras fórmulas de financiación en este artículo publicado en Blog de la ESCACC. Además del caso de Vilaweb, Domingo habla de la posibilidad de microdonativos a través de la plataforma de crowdfunding Verkami, y de cooperativas de periodistas y usuarios. Esta propuesta parece especialmente interesante. Del mismo modo que hay cooperativas de consumo para abastecerse de productos ecológicos, ¿por qué no una para proveernos de información de calidad: la que realmente nos interesa, veraz y elaborada por profesionales?

La caída de dos mitos empresariales: Google y Apple

Hace unos años vino a España Bernard Girard. Hacía poco que este consultor de management había publicado El modelo Google y daba entrevistas y conferencias sobre Google como nuevo paradigma de la gestión empresarial. Entonces todos estábamos fascinados por la compañía y sobre todo por cómo Google gestionaba los recursos humanos y generaba innovación. La empresa se basa en una gestión colaborativa horizontal, no jerarquizada, donde el conocimiento y la creatividad fluyen. Un modelo más cercano a la universidad que a la empresa. Además, los trabajadores disponen de un 20% de su tiempo para dedicarlos a proyectos personales de investigación. Todo el mundo quería trabajar en Google y la sola contemplación de sus oficinas con toboganes y billares provocaba delirios. Quizás inspirándose en Google, las nuevas instalaciones de Esade Creápolis cuentan con una área de juegos y EADA proyecta hacer una aula de innovación y creatividad con almohadas por el suelo y toda la pesca. Incluso algunos, como apunta el consultor Xavier Marcet, se han creído que basta con poner un futbolín en la oficina para ser Google. Y no.

Ahora quién se pasea por los medios presentando un nuevo libro sobre Google es Alejandro Suárez que acaba de publicar Desnudando a Google. Suárez asegura que Google el año pasado ganó en España 1.550 millones de euros sin tributar prácticamente nada gracias a una maniobra legal que le ha permitido ahorrarse de pagar a los españoles 300 millones. Una triquiñuela quizás no del todo ilegal pero que, según el autor, es moralmente discutible especialmente cuando el Estado Español está sufriendo fuertes recortes en sanidad y educación. Suárez añade que Google nos ofrece servicios gratuitos que no lo son tanto pues a cambio le estamos vendiendo nuestra privacidad, nuestra intimidad, nuestra alma.

La presentación del libro ha coincidido con la entrada en vigor el pasado 1 de marzo de la nueva política de privacidad de Google. Según la empresa, se trata sólo de unificar las condiciones de todos sus servicios de forma que el usuario pasa a tener un perfil único para todos las aplicaciones Google. De este modo, nuestras búsquedas y la publicidad que las acompaña son más personalizadas. La compañía asegura que no está recogiendo información nueva sobre nosotros pero en la red han saltado todas las alarmas. Varios blogs y medios proponen medidas para proteger nuestra privacidad frente a Google. El diario Ara da cinco consejos para ello, Enrique Dans, profesor de Sistemas de la Información en el Instituto de Empresa, habla del uso del Do Not Track Plus y nos invita a que comprobemos lo que Google sabe de nosotros a través de las Ads Preferences. En realidad la organización puede saber mucho más: nuestro correo (Gmail), nuestros escritos (Google docs), lo que leemos (Google Reader), lo que hacemos cada día (Google Calendar), nuestras conversaciones (Google Groups), etc. Lo más inquietante, sin embargo, es nuestra dependencia de todos estos servicios. Me proponen firmar una petición para exigir una explicación a Google sobre su nueva política. ¿Cómo? ¡A través de Google Groups! No sé si es un chiste o una pesadilla de ciencia ficción.

Bernard Girard decía que Google lanzaba servicios innovadores sin tener claro su rentabilidad económica. Lo más importante era que fueran útiles para el usuario, después ya buscarían los beneficios económicos. Bien, pues parece que ya se los van encontrando. Deben de ser bastante interesantes como para andar a la greña con Apple por nuestra privacidad tal como ha desvelado el Wall Street Journal y explica de forma entendedora Enrique Dans.

Apple es otra empresa adorada por su capacidad de innovación y Steve Jobs su mesías. Cuando murió los panegíricos al fundador de Apple llenaron los medios y su soberbio discurso en la Universidad de Stanford fue revisualizado un montón a veces. Jobs y Apple eran el camino a seguir especialmente en nuestro país, paraíso del tocho y la hostelería. Poco después, como no, empezó a hablarse del lado oscuro de Jobs. Primero sobre su personalidad (tirano y egocéntrico) y después sobre su empresa. Concretamente sobre las condiciones laborales en las fábricas chinas que trabajan para Apple. En el documental de la ABC The iFactory muestra niños de 13 años que trabajan 16 horas diarias por 70 centavos la hora en una fabrica rodeada de redes para evitar los suicidios de los empleados lanzándose al vacío. Incluso el catedrático en políticas públicas Vicenç Navarro pone en entredicho la capacidad de innovación de Apple pues asegura que muchas innovaciones de las empresas americanas de nuevas tecnologías se han gestado en realidad en centros académicos financiados por el gobierno federal de Estados Unidos que invierte enormemente en I+D.

Entre una cosa y otra se nos han caído dos mitos empresariales. Parece que la empresa perfecta (puntera, rentable y socialmente responsable a todos los niveles) no existe, es una utopía. Hará falta, pues, seguir buscándola o crearla.

La marihuana como sector económico de futuro

Tengo una buena amiga periodista en paro que de vez en cuando comenta (en broma, espero) que para salir de su situación económica precaria lo único que se le ocurre es dedicarse a vender maría como la protagonista de la serie Weeds. O, mejor todavía, hacer deliciosos brownies por aquello de dar valor añadido. Dice que como el sistema la ha echado, tiene que buscar una solución fuera del sistema. Entiendo su desesperación y entiendo también que la idea tiene su lógica. La gente ya no está dispuesta a pagar para leer las noticias o para ver una peli en casa pero en cambio, por más crisis que haya (o precisamente por eso) siempre encuentra dinero para ir a tomar una copa a un bar o para fumarse un porro. Aun así, a mi amiga se lo desaconsejo, más que nada porque no quiero que el próximo encuentro con ella sea a una cabina de la cárcel de Wad-Ras.

También ante una situación de asfixia económica, el municipio de Rasquera ha optado por la vía expeditiva y ha aprobado alquilar mil metros cuadrados a un club privado de marihuana, la Asociación Barcelonesa Cannábica de Autoconsumo (ABCDA) para cultivar esta planta. Parece que la iniciativa lo tiene difícil para salir adelante. Los clubes de cannabis, un tipo de cooperativas de cultivo y consumo de marihuana integradas por adultos, se encuentran en un tipo de limbo jurídico en Cataluña y las autoridades no saben muy bien que hacer con ellos, tal como se vio a raíz del incendio de la plantaciónde Green Light en Sarriá hace un par de meses. En Euskadi, en cambio, se están planteando darles luz verde. El debate está servido.

Desde el punto de vista económico, los beneficios de la legalización del cannabis son evidentes y muy tentadores en tiempos de crisis. Una de las medidas del new deal de Roosvelt para salir de la depresión de los años 30 fue abolir la Ley Seca. Además de acabar con la criminalidad ligada a la ilegalización del alcohol, esta medida permitiría contar con la industria del alcohol como dinamizador económico capaz de generar nuevos puestos de trabajo e ingresos en forma de impuestos. Hace un tiempo leí un artículo en el Blog Salmón donde el autor calculaba que la legalización del hachís y la marihuana podrían aportar unos 7000 millones de euros en impuestos (el artículo también habla de la legalización de la prostitución, pero yo no pondría las dos actividades en el mismo saco).

Además de dar trabajo y generar ingresos, la explotación de la marihuana es una actividad sostenible y no contaminante porque su cultivo y elaboración no requieren de procesos químicos ni de construir ningún bodrio arquitectónico. En el Telenoticias de Tv3, el reportero Víctor Sorribes apuntó que los de Rasquera habían rechazado la ubicación de un cementerio nuclear en el municipio y en cambio habían aprobado el cultivo de marihuana. Hombre, entre un vertedero de basura radiactiva y unos invernaderos para el cultivo de plantas, la opción es clara, ¿no?

Como principal razonamiento en contra de la legalización de la marihuana, se esgrime la protección de la población de los daños que provoca el consumo de cannabis. Sin negar los efectos nocivos, resulta del todo incoherente plantearse este argumento cuando son legales la venta y consumo de alcohol y tabaco, drogas más peligrosas que la marihuana según varios estudios como, por ejemplo, el encargado por el Gobierno británico y desvelado por The Independent o el realizado por la revista médica The Lancet. Podéis leer las principales conclusiones de este estudio en The Economist o consultar este gráfico en la Wikipedia.

Entonces, ¿dónde está el debate? Se trata únicamente de una cuestión de moral social e incluso de tradición cultural. El debate de la legalización se ha abierto ahora en varios territorios porque el consumo de cannabis cada vez está más extendido y aceptado. Este es el caso de Euskadi o de Estados Unidos donde California rechazó la legalización del consumo recreativo por escaso margen. El uso terapéutico ya hace tiempo que está permitido. En Holanda, pionera en permitir el consumo en coffee shops, ahora ha restringido el acceso a estos establecimientos a extranjeros pero para evitar el efecto indeseable del turismo porrero, (digámoslo, sin embargo, en voz baja, no sea que a algunos empresarios hosteleros de aquí se les ocurra aprovechar esta magnífica oportunidad de negocio).

El alcohol y, concretamente, el vino forman parte de nuestra dieta y cultura mediterránea. Ya los guerreros de la Ilíada se nutrían básicamente de cordero a la brasa y vino (¿cómo, si no, podrían después correr a destriparse de la forma más gore?) Quizás por eso, encontramos muy normal ir al restaurante con los niños y pedir una botella de vino para los mayores pero nos escandalizaría que en la sobremesa de una barbacoa familiar alguien se fumara un porro. Y este es el quid de la cuestión. Para hacer del cannabis un sector económico tenemos que decidir si nos parece moralmente aceptable y respetable que un adulto lo consuma. Si es así, ¿en el futuro los escolares podrán hacer visitas culturales a los invernaderos de marihuana de Rasquera al igual que ahora van a ver las cavas de Sant Sadurní d’Anoia?