Archive for noviembre 2011

El momento de Mònica Calvet, socia fundadora de Living the City

Un objetivo, un plan y el momento adecuado para llevarlo a cabo. Mònica Calvet, es una mujer de ideas claras. Piensa estudiar un Executive MBA y tomar las riendas de la dirección comercial de la empresa industrial donde trabaja. Quiere poder de decisión dentro de la compañía. Ya hace dos años que lleva el área comercial norteña-este de España y ahora es el momento perfecto para realizar su plan. La empresa firma una carta comprometiéndose a dar a Mònica un lugar de responsabilidad y a asumir parte de los 50.000 euros que cuesta el EMBA de ESADE. Ella realiza las pruebas de acceso. Todavía no lo sabe, pero en su interior se está gestando otro proyecto que no forma parte de su agenda. De una tacada se entera de que ha sido admitida en el máster y que está embarazada. Dos caminos que se abren y que parecen ir en direcciones opuestas.

Mònica no está preparada por esta deriva inesperada pero se afana a enderezar el rumbo. Planea no desconectarse del trabajo durante la baja maternal. Podría ir a trabajar unas horas en la semana o hacerlo desde casa. Incluso podría reincorporarse a su puesto de trabajo antes de acabarla, si hace falta. Un vez haya vuelto, entrará más temprano a trabajar y acortará el tiempo del almuerzo para poder marchar a las seis y no a las siete y media como hace ahora.

En la empresa tampoco están preparados para que una ejecutiva se quede embarazada pero se afanan a buscar una solución, su solución. Poco a poco, van apartando a Mònica de sus funciones. Los comerciales a su cargo pasan a depender de otra persona de forma que Mònica pierde la parte variable de su sueldo, aproximadamente un 25%. La empresa se niega a pagar parte del EMBA tal como se había comprometido. Después de la baja maternal, le asignan un puesto de trabajo nuevo que nada tiene que ver con su trayectoria y sus aspiraciones. Mònica apenas aguanta tres días y acepta marchar con una indemnización por despido improcedente. “No los denuncié por mobbing porque estaba demasiado baja de moral para hacerlo. Además, creo que no eran conscientes de lo que me estaban haciendo. Realmente pensaban que no podía hacer mi trabajo y cuidar a mi bebé y que me estaban ayudando a buscar una salida”.

De repente se encuentra trabajando a tiempo completo de ama de casa y madre de un hijo nacido en el peor momento. Un mes antes de parirlo había empezado el EMBA con un bombo inoportuno en una clase de 52 altos directivos en potencia, ejecutivos que comparten sus experiencias laborales mientras a Mònica sólo le preguntan “como está Jan?” Jan tiene la suerte de crecer junto a su madre mientras ella piensa que con él no aprende nada, que su día a día no merece ser explicado. Sólo tiempo después reconocerá cómo ha disfrutado de su hijo durante esta etapa, como Jan le ha enseñado a mirar un problema desde diferentes perspectivas, a ser más reflexiva, a tener paciencia para esperar que las cosas sucedan. Pero ahora no, ahora tiene la autoestima demasiada baja. Con sus planes por los suelos ya no sabe quién es ni hacia donde va.

Gracias a una asignatura del máster (Lead) y a la coach que le asignan encuentra el momento para hacerse estas preguntas y para encontrar las respuestas. Decide crear una empresa acorde con sus valores y dedicada a la mujer. En el EMBA encuentra también Rosa Romà, la compañera con la que hacer realidad este nuevo plan. Así nace, ahora hace dos años, Living the city, un club de ocio virtual para mujeres que promete planes divertidos y glamurosos: taller de twitter y cata de gin-tonics, reunión de taper sex, sesión de cocina con Carme Ruscalleda o almorzar con Ágata Ruiz de la Prada.

Ahora Mònica vive dedicada a su proyecto empresarial. “Trabajo muchas horas pero me las gestiono como quiero. Creo que en esto consiste la conciliación y hoy en día tenemos las herramientas tecnológicas para poderlo hacer”, afirma. “Cada tarde procuro ir a buscar mi hijo en la escuela y pasar unas horas con él pero tengo claro que ahora es mi momento”.

La tradición de Carlota Rodés, socia fundadora de Carlota’s

Foto de Roger Castellón

Para Carlota y Elena Rodés sus galletas son como la magdalena de Proust; al morderlas, reviven los días de adviento en que madres e hijas preparaban las galletas para regalarlas por Navidad, pero también las primeras galletas que Carlota horneó en su casa para venderlas mientras con un pie acunaba a su pequeña en la hamaquita o los ratos que pasan sus hijos en el obrador de Carlota’s cuando están de vacaciones.

Regalar cariño en forma de galleta es una tradición que pasó a ser proyecto empresarial cuando Carlota quiso regalar más tiempo a sus hijos. Estando embarazada decidió que dejaría su puesto de diseñadora de moda en Pronovias (antes había trabajado con Antonio Miró y Lydia Delgado) cuando naciera Claudia. Ya tenía un niño, Álex, y con dos le parecía imposible seguir la vorágine del día a día y, sobre todo, viajar. Además, «tenía ganas de crear algo que realmente saliera de mi cabeza».

Con la pequeña en brazos, en el santuario de su cocina comenzó a preparar algo que había hecho toda su vida; galletas. Les puso cara de niña y de niño con pecas de chocolate y las fue a vender a la tienda Tea Shop de Sant Cugat. Poco después, llegó a un acuerdo con una pastelería para usar su obrador y comercializar las galletas a través suyo. Mientras tanto, trazaba un plan de empresa que incluía embarcar a su compañera de aventuras y galletas infantiles: su hermana gemela Elena, que entonces era funcionaria.

De eso hace siete años. Ahora el sueño de Carlota es una empresa que distribuye en más de 100 tiendas y que fabrica más de 1000 galletas al día. Son sabrosas, crujientes y originales, con diseños para todas las ocasiones: novios y bebés para bodas y bautizos, corazones de San Valentín, calabazas de Halloween, y también hacen creaciones personalizadas y corporativas.

Aparte de las dos gemelas, en Carlota’s trabajan seis mujeres que también son madres. « Llevamos a nuestros hijos a la escuela e intentamos irlos a recoger, aunque luego de 10 a 12 de la noche a lo mejor estoy trabajando en el ordenador. Además, se trata de un trabajo muy estacional. Para Navidad hacemos unas tres mil galletas y trabajamos unas 13 horas diarias. En temporada baja, en cambio, hacemos 4. Intentamos compensar».

Dicen que no se puede ganar algo sin perder algo. La Navidad de Carlota ha perdido su magia, y ahora los niños disfrutan las galletas en el obrador y regalándolas a sus amigos. Ése es su legado, una tradición que ha cambiado pero que no se ha perdido.

 

La fantasía de Fabian Cardinal, socio fundador de Bateau Lune

(Foto de Roger Castellón)

Cuentan que un niño lloraba porque quería ir a luna y que unos brujos le ayudaron a construir un barco de papel para llegar hasta ella. Quizá la multitud de elfos que nos contemplan sonrientes desde todos los rincones de Bateau Lune ayudaron a Fabian Cardinal y a su mujer Ana a construir su peculiar barco que ancló, ya hace ocho años, en la plaza de la Virreina de Barcelona.

Después de haber vivido en Poitiers y en París, esta pareja de belga y catalana recaló en Barcelona para construir su hogar y su familia. La pequeña Lea le trajo a Fabian la alegría de tenerla consigo y la frustración de apenas verla crecer. «Trabajaba de jefe de Compras del Hard Rock Café, llegaba a casa sobre las siete y las ocho justo para bañarla y ponerla a dormir. Ése era el único momento del día en que realmente la podía tocar».

Por aquel entonces, Fabian y Ana viajaban con frecuencia a París y aprovechaban la visita para comprar juguetes creativos de madera que no encontraban en Barcelona tanto para ellos como para sus amigos. La oportunidad y la necesidad de trabajar menos horas despertaron en Fabian la fantasía de montar una tienda de juguetes. Cuando Lea tenía tres años abrió sus puertas esta abigarrada arca poblada por títeres, móviles, rompecabezas de madera y duendes. Pero Bateau Lune también son cuentacuentos, manualidades y payasos que cada sábado ocupan la plaza y que las hijas de Fabian y Ana disfrutan junto a otros niños.

Cuando nació su segunda hija, Mia, todo fue diferente. La tienda está a tres minutos de su casa, así que Fabian podía verla por la mañana antes de abrir y también de dos a cinco de la tarde. Ahora que las niñas tienen diez y cinco años, Fabian lleva a sus hijas a la escuela y luego se pone al timón de su barca. «Los jueves por la tarde y los viernes, se centra en la comercialización de la marca alemana de calzado infantil Pololo, de la que es distribuidor para Cataluña, País Vasco y Valencia. De esta forma, también puede arañar algunas horas más para estar con sus hijas. Ana trabaja desde casa en la administración, así como en la tienda online que abrieron hace tres años de productos ecológicos para niños y bebés.

No sabemos si Fabian cumplió su propósito de trabajar menos horas, pero ha realizado su fantasía y la de muchos niños y niñas.

El regalo de Cristina García, propietaria de Tododinosaurios.com

(Continuando el reportaje Un fill et canvia la feina que escribí para el número 2 de la revista Business Woman, presento algunos retratos de personas que cambiaron su trabajo a raíz del nacimineto de un hijo. Este es el primero).

(Foto de Roger Castellón)

«Vuelta al cole» cantan cada año los niños en los anuncios de los grandes almacenes. Quizá por eso de mayores todavía pensamos que septiembre es el mes en que empieza todo. También para Cristina García, que se propone volver a trabajar después de un parón de seis años. Su ilusión es empezar un negocio propio, pero «¿cuál?», se pregunta mientras prepara los lápices, los cuadernos y las mochilas de sus dos hijos. «Quiero una mochila de dinosaurios», le dice el mayor, siempre obsesionado con estos bichos prehistóricos. «¿Y de dónde saco yo una mochila de dinosaurios?». Cristina rastrea las calles y el ciberespacio. Navegando aparece ante sus ojos una mochila con un flamante Tyrannosaurus rex. A su hijo le encantaría, pero no se distribuye en Europa. Y «¿por qué no?». Una pregunta, una idea, una oportunidad, y Cristina comienza a montar Tododinosaurios.com, una tienda virtual de todo tipo de artículos de dinosaurios: muñecos, paraguas, disfraces… ¡hasta unas deportivas que dejan huella de dinosaurio!

Desde entonces han pasado más de dos años. «Todo fue muy rápido. Nos apresuramos a montar la web y a buscar productos por todo el mundo, pues queríamos empezar para la campaña de Navidad». La acogida fue buena y, de 2009 a 2010, la facturación de Tododinosaurios ha crecido un 55% en plena crisis. Aunque entre sus clientes también hay coleccionistas adultos, la mayoría son madres de niños fascinados por estos reptiles antediluvianos. Cristina comprende bien su necesidad de saber quién hay detrás de la pantalla, y las atiende por teléfono o correo electrónico a cualquier hora desde donde esté. Sin embargo, cada tarde a las cuatro, apaga su ordenador y corre a buscar a sus cachorros a la escuela.

Cuando se quedó embarazada de su primer hijo llevaba dos años en un despacho de abogados como especialista en Derecho Marítimo, y pensó que tras la baja maternal seguiría trabajando como antes. Sólo aguantó dos meses. «En ese momento sólo podía pensar en que tenía un bebé en casa y que no me quería perder sus primeros años».

Dejó el bufete, pero siguió haciendo traducciones jurídicas gracias a su dominio del inglés, y se propuso volver a la vida laboral cuando su segundo hijo comenzara la escuela con tres años. Eso sí, quería trabajar mientras ellos estuvieran en el cole y disfrutar el resto del día juntos, y sabía que en un despacho de abogados no sería posible. «Me gustaba mi trabajo, pero volvería a hacer lo mismo mil veces. Ver crecer a mis hijos no lo cambiaría por nada». Buscando un regalo para sus hijos, Cristina encontró uno para sí misma.

 

Margin Call: ?¿Una mala persona no puede ser un buen directivo? ¿Y qué?

Hace ya un par de años entrevisté, al profesor del IESE Josep Maria Rosanas (la entrevista la podéis leer aquí). La titulé “Una mala persona no puede ser un buen directivo”. Alguien me comentó que era un titular muy naïf, pero, naïf o no, era la síntesis del pensamiento de Rosanas: la falta de ética es una forma de incompetencia que tarde o temprano acaba por dinamitar la empresa.

Desde entonces, de vez en cuando doy vueltas a esta idea y nuevamente me acordé de ella viendo la película Margin Callestrenada aquí hace unas semanas. El film transcurre durante las horas previas a la quiebra de un banco de inversión inspirado en Lehman Brothers. Los directivos se dan cuenta, gracias al informe elaborado por el jefe del departamento de análisis de riesgos recién despedido y su joven subalterno, del inmenso abismo que se abre bajo sus pies. Durante una larga noche deciden que, antes de caer, se sacarán de encima el máximo número posible de sus activos tóxicos colocándolos en el mercado, a pesar de ser conscientes de que, de este modo, desatarán una tormenta financiera de proporciones colosales y alcance mundial. Margin Call se centra en el retrato de los personajes y este es su máximo acierto, pues el desenlace de la historia ya lo conocemos y lo sufrimos todos. El director debutante J.C. Chandor huye de tópicos y arquetipos para mostrarnos el rostro humano de los tiburones apoyado en un elenco de actores impresionantes: Jeremy Irons (mi amor platónico de adolescencia), Kevin Sapcey, Paul Bettany, Stanley Tucci, Zacary Quinto, Demi Moore, Simon Baker y Penn Badgley.

Rosanas calificaría estos tiburones de males directivos: incompetentes porque han llevado su empresa a la quiebra y malas personas porque engañan los clientes vendiéndoles morralla, envenenando el pozo del mercado de donde bebemos todos. Pero ¿cómo son y que piensan?

Por un lado se muestran ignorantes y orgullosos de serlo: ninguno de los directivos es capaz de entender el informe de riesgos que ha hecho el joven analista. Incluso el gran jefe le espeta “explíquemelo cómo si fuera un niño, le aseguro que no estoy donde estoy por mi inteligencia”. Fríos, cuando echan a los trabajadores a la calle con su caja de cartón como si fuera el día de los trastos. Indecentemente hedonistas, cuando confiesan riendo que han tirado más de 75.000 dólares en bebida, bailarinas y putas. Cínicos, cuando afirman una y otra vez que no tienen opción, que no deciden ni controlan nada, que están en una rueda.

Pero también solitarios que lloran la muerte de su único amigo (el perro). Desencantados, que se lamentan por haber abandonado la ingeniería real, la que construye carreteras, por la ingeniería financiera. Vencidos, cuando afirman una y otra vez que no tienen opción, que no deciden ni controlan nada, que están en una rueda.

¿Y es realmente así? El personaje magistralmente interpretado por Bettany dice “que se joda la gente normal. Al fin y al cabo ellos quieren lo mismo que nosotros; vivir en grandes casas y comprarse coches. Quieren el dinero pero a la vez hacerse los inocentes y no saber de donde vienen”. Es curioso que en esta especie de meritocracia de los negocios todos se sienten amos de su destino cuando se refieren a la posición que han logrado (“estáis donde estáis porque sois los mejores”) pero no respecto a las acciones pútridas que comporta: son culpa del mercado, culpa de todos. Al fin y al cabo, si es culpa de todos es tanto como decir que no es culpa de nadie, de la rueda de la fortuna, como si fuéramos en la edad media. Aun así hay diferentes grados de responsabilidad. Gastar más de lo que se tiene no es un delito, estafar, sí.

Pero las responsabilidades legales no se han depurado lo suficiente y no se depurarán nunca. Por eso el máximo directivo de Margin Call interpretado por Jeremy Irons come tan tranquilo el día de la tormenta y le pide a Kevin Spacey que se relaje. Ya tienen sus mansiones y sus Lamborghinis, ya han hecho dinero a espuertas y ni en toda una vida se lo podrán acabar. Parece decir, “sí, soy una mala persona, un mal directivo. ¿Y qué?”.

Un hijo te cambia el trabajo

(Adaptación de un artículo escrito para el número 2 de la revista Business Woman que no salió a la luz).

«Un hijo te cambia la vida», repiten todos sin más explicación a padres y madres primerizos cuando el embarazo comienza despuntar. Un tópico de ascensor que, como todos, tiene su fondo de verdad. En este artículo hablamos de cómo nuestros retoños, pero sobre todo las pocas facilidades que nos da el entorno laboral para atenderlos, nos hacen replantearnos cómo, cuándo, dónde y hasta en qué y por qué trabajamos.

A menudo un hijo nos sitúa en medio del camino de nuestra vida sin importar nuestra edad. Rompe nuestros esquemas y se salta a la torera nuestra lista de tareas pendientes. De entrada, nos obliga a repensar nuestra organización diaria en aras de la tan traída y llevada conciliación. Una palabra que nos suena a utopía del siglo XXI cuando encontramos pocas facilidades para cumplir con nuestro trabajo y, a la vez, con la educación de nuestros hijos. Dos responsabilidades sociales que necesitan tiempo y dedicación, y la segunda, además, contacto y afecto, pues no pueden ejercerse la maternidad ni la paternidad enviando mensajes desde la BlackBerry. «Los niños y las niñas son el futuro de la sociedad; no crecen como hierbas salvajes en la cunetas del camino. Cuidar a las mujeres madres es cuidar también a la infancia y promover adultos en armonía consigo mismos. Un sociedad que se considere avanzada ha de tener esto bien presente», afirma la psicóloga clínica Gemma Cánovas en su libroEl oficio de ser madre.

Una cultura obsoleta

Sin embargo, como reconoce la propia Cánovas, la sociedad valora mejor el trabajo que la maternidad/paternidad, que a menudo se consideran como un hecho estrictamente privado y femenino. Esta ausencia de valoración social se refleja en las políticas sociales y en la cultura empresarial de nuestro país. En Noruega, Finlandia y Dinamarca, las bajas remuneradas por maternidad son hasta de un año, frente a las 16 semanas de España. El estudio de la Comisión Europea titulado Flexibilidad en el horario laboral e igualdad de género revela que, en países como Dinamarca, Suecia, Alemania, Finlandia y Noruega, entre el 50% y el 62% de los asalariados tienen cierto grado de flexibilidad en su horario laboral. Este porcentaje, en España, es sólo del 15,5% en el caso de los hombres y del 15% en el de las mujeres. Por no hablar de los horarios partidos que aquí se practican.

«España es el país que menos invierte en políticas familiares. Y no es cuestión de dinero sino de cultura», asegura la profesora del IESE y experta en conciliación Nuria Chinchilla. Una cultura que valora el presentismo por encima de la consecución de objetivos. «Está mejor visto ausentarse del trabajo a mediodía para practicar jogging que salir antes por la tarde aunque hayas trabajado el mismo número de horas», explica Judith Aparicio, exdirectiva de RRHH en Sara Lee e investigadora sobre educación para la Universidad de Barcelona. Aparicio, tras la baja maternal, optó por diferentes medidas: trabajar desde casa, reducir jornada y apostar por la flexibilidad horaria. Sin embargo, topó con la incomprensión de algunos compañeros y superiores, y su necesidad de conciliar fue un freno en procesos de headhunting. «Varios headahunters me ofrecieron la posibilidad de cambiar de trabajo. Cuando les preguntaba sobre políticas de conciliación, me contestaban con subterfugios y ya no me volvían a llamar».

No hay que obviar que a veces esta cultura obsoleta, propia de «hombres del siglo pasado» tal y como la define Nuria Chinchilla, se traduce en mobbing o en despidos improcedentes. Éste fue el caso de Mónica Calvet: Calvet trabajaba como jefa de Ventas en una compañía del sector industrial que se había comprometido a financiarle parcialmente un EMBA en ESADE y a promoverla a un puesto de responsabilidad. Poco después de ser admitida en el EMBA se quedó embarazada y la empresa rompió el pacto. Ya durante el embarazo fue apartada de sus funciones y dejó de percibir su comisión comercial. Tras la baja maternal fue asignada a un nuevo puesto con un sueldo inferior y que nada tenía que ver con el plan de carrera acordado. El desencuentro fue tal que, a los tres días, fue despedida de forma improcedente como reconoció la misma empresa. «Lo curioso es que mis jefes creían que me estaban ayudando; estaban convencidos de que ya no podía desempeñar el puesto de trabajo que tenía hasta entonces y de que ésta era la mejor manera de que permaneciera en la empresa y atendiera a mi hijo. Y eso que nunca pedí ninguna reducción de jornada. Sólo pensaba reducir el tiempo de la comida para salir antes», explica. Ahora Calvet es socia y codirectora de Living the City, un club de ocio exclusivo para mujeres. Está satisfecha de haber creado una empresa acorde con sus valores pero deplora que «haya que salir del sistema para poder gestionar tu tiempo, con la pérdida de talento femenino que esto supone para las empresas. Las empresas necesitan estar gestionadas por hombres y por mujeres».

Ahora bien, las organizaciones no son las únicas responsables de esta cultura. Cristina García, exabogada especializada en Derecho Marítimo y propietaria de tododinosaurios.com, explica que los clientes de un bufete de abogados «quieren que estés siempre que llaman, ir al abogado después de trabajar y empezar las reuniones a las ocho de la tarde. Hay muy poca empatía». Cristina García dejó su trabajo de abogada poco después de reincorporarse tras la baja laboral y, años después, montó su propio negocio.

Reconciliar familia y trabajo

Tal y como explica Gemma Cánovas, existe una escisión entre el mundo productivo y la crianza de los hijos que a menudo provoca que las mujeres atiendan los conflictos cotidianos entre familia y trabajo sin que se note, como si fuera una debilidad femenina. Muchas prefieren decir que llegan tarde al trabajo por un atasco antes que reconocer que han tenido que acompañar a su hijo al médico.

Sin embargo, como afirma Nuria Chinchilla, profesora del IESE y especialista en conciliación, «todo es sistémico, y eso hay que verlo más allá de intereses a corto plazo. Empresa, familia y sociedad forman un triángulo; lo que ocurre en cualquier área influye en todas las demás. La empresa debe entender al empleado como una persona completa. Un negocio que busca resultados a corto plazo y va machacando a las personas a corto plazo es un negocio, no es una empresa».

Natalia Gómez del Pozuelo, consultora, profesora de ICADE y autora de Buen padre, mejor jefe, cree que «las dicotomías te impiden desarrollarte. Es más saludable que haya vasos comunicantes entre familia, trabajo y cuidado personal. El dividir la vida en compartimentos estancos es una actitud masculina que a las mujeres nos resulta incómoda». Gómez del Pozuelo cree que las nuevas tecnologías ya están borrando esas diferencias, pues podemos hacer la compra por Internet desde la oficina o leer e-mails de trabajo en casa. «Lo interesante es hacer que vaya a favor tuyo, no en tu contra, que te permita llevar una vida unificada», concluye la escritora.

Además del hecho que ya nadie discute de que «“cuando puedes conciliar estás más motivada, más creativa, más eficaz, más concentrada»”, Gómez del Pozuelo también afirma que nos hace muchísima falta «“trasladar las habilidades de un entorno a otro»,” tal y como defiende en su libro. Por ejemplo, en el ambiente familiar dejamos nuestro ego a un lado, reconocemos que no lo sabemos todo, utilizamos más los sentimientos. En cambio, en el trabajo no tiramos la toalla cuando queremos cumplir un objetivo. La comunicación es algo dificilísimo en los dos ámbitos y, en muchos casos, las mismas estrategias sirven para los dos»”. Como jefa de RRHH en Sara Lee, Judith Aparicio asegura que «“ser madre me ayudó a entender a las personas de forma global, no sólo como meros empleado empleados, y a que se sintieran más valoradas y felices. Hay que mimar al personal como mimamos a nuestros hijos, practicando la escucha activa, celebrando los éxitos»”.

Tanto Gómez del Pozuelo como Judith Aparicio creen que la conciliación no es una quimera: «Se puede ser jefa, reducir jornada y cumplir con objetivos. Hay que organizarse mejor, delegar más, centrarse en proyectos concretos donde puedas aportar valor, limitar tu tiempo de respuesta y gestionar muy bien la agenda. Reduciendo tu tiempo te obligas a ser más productiva». Natalia Gómez del Pozuelo ha sido directora general con jornada reducida y anima a hombres y mujeres a «no tener miedo de que nos comparen con otros y a dar ejemplo en el trabajo». De forma similar se expresa Gemma Cánovas en su libro: «no todas las mujeres desearán aprovechar su derecho a una reducción de jornada, pero es importante que las que quieran lo planteen con firmeza, no como si pidiesen un favor». Nuria Chinchilla, sin embargo, cree que para negociar condiciones de flexibilidad lo mejor «es apelar a objetivos y a cómo vamos a cumplirlos». Por su parte, Mónica Calvet cree que muchas empresas están cambiando los valores debido a la incorporación de nuevas tecnologías y de directivos jóvenes con una nueva visión de la conciliación entre vida familiar y empresarial.

A la profesora del IESE, no le gusta la palabra «conciliación», sino que prefiere hablar de «integración», de cómo integrar familia y trabajo en nuestra vida para desarrollarnos de forma integral, no fragmentada. Un concepto que va más allá de fijar horarios. Consiste en decidir cómo queremos vivir nuestra vida, en convertirnos en «Dueños de nuestro destino», tal y como reza el título del libro de Nuria Chinchilla y Maruja Moragas sobre conciliación. «Primero hay que conciliar contigo mismo y, luego, con tu familia y tu profesión. No podrás negociar desde la madurez si no has definido tus prioridades. Hay que pararse a reflexionar las decisiones más importantes de tu vida: con quién te casas y vas a tener hijos, dónde vas a vivir y con quién vas a trabajar, es decir, en qué tipo de empresa; si te metes en la boca del lobo no te quejes».

A veces es nuestro hijo el que nos pone frente al espejo y nos da la fuerza para plantearnos un cambio o nos inspira. «Me planteé si simplemente el dinero tenía que entrar y salir en mi vida o si realmente le daba un valor al tiempo que dedicaba a ganar dinero. Y conseguí levantarme antes y planificar el día en silencio para que mi vida no fuera sólo trabajar y dormir. Si buscas tiempo lo encuentras. Pero si no hubiera nacido mi hija, no me habría dado cuenta del valor del tiempo y hubiera seguido en una rueda», explica Judith Aparicio. Para ser dueños de nuestro destino debemos empezar por ser dueños de nuestro tiempo, el sustrato de nuestras vida.

Per què ens fascinen tant els anuncis antics?

Això és el que penso mentre llegeixo que “La calvicie ha muerto”, que la dotzena d’ostres costa entre 2 i 10 reals, que els homeòpates recomanen l’oli de glà per al reuma, que el vermouth Capuchino es ven en farmàcies, que un llit es pot comprar a terminis d’una pesseta al mes o que comprant una persiana Gradulux es pot participar en un sorteig d’un flamant sis-cents. M’embadaleixo contemplant les dames elegants dels cartells de Codorniu o Anís del Mono, la cara de Bulldog del tipus del Cerebrino Mandri, la tipografia mantinguda al llarg dels anys de la joieria Roca i la sastreria Santa Eulàlia. Magnífiques peces que es poden admirar a l’exposició “Publicitat a Catalunya 1857-1957. Roldós i els pioners” que s’exhibeix al Palau Robert fins al 29 de gener.

Si bé la publicitat existeix des de que existeix comerç i es coneixen anuncis des de l’època romana, és al darrer terç del segle XIX quan el salt econòmic de la revolució industrial juntament amb el naixement d’avenços tecnològics com el telègraf, la fotografia i la litografia propicien el desenvolupament de la publicitat moderna. A casa nostra, Rafael Roldós i Viñolas va ser el pioner en començar venen espais publicitaris i després oferint serveis d’agència com ara la redacció d’anuncis “con estilo periodístico”, amb combinacions de paraules “para que los anuncios sean económicos y aumente la publicidad”, segons assegura una autopomoció del 1887.

Resulta curiós com moltes de les accions de promoció i publicitat inventades aleshores per Roldós i d’altres pioners segueixen vives avui en dia. Així al 1881 el diari Las Noticias regala 4 plats artístics al subcriure-s’hi. Al 1877, Roldós demana la concessió per instal·lar urinaris a la via pública a canvi de posar-hi publicitat. Nestlé participa al 1927 en una rua de Carnaval i Potax penja cada dia a la plaça Catalunya una nova vinyeta còmica l’any 43 (actes del que ara anomenem street marketing).

També descobrim que seguim preocupats perquè els nostres fills estiguin ben alimentats i buscant remeis miraculosos per la calvície i les xacres de l’edat. Que Alfa, Bic, las Sonrisas Profiden o el caldo Maggi fa més de 50 anys que ens acompanyen (per no parlar de Damm, Nestlé o Codorniu). Que seguim associant les cerveses a “días de campo y playa” com proclamava San Miguel al 1957 i que les dones dels anuncis sempre exhibeixen un cos perfecte en banyador encara que siguin dibuixades per la il·lustradora Carme Barbarà a la dècada dels 40.

Avui en dia, la publicitat ens molesta, ens intoxica i ens manipula, tot esborrant els límits que la separen de la informació com vaig explicar en aquest post. Res de nou perquè ja el diari Las Noticias, un dels més populars del primer terç del segle XX a Catalunya i on Josep Pla va començar la seva carrera periodística, va ser fundat el 1896 per l’agència publicitària Roldós com a suport per als seus anuncis.

Oblidem, però, que directors de cinema consagrats com ara David Lynch o Ridley Scott han filmat notables spots de la mateixa que Ramon Casas, Tolousse-Lautrec o Alphonse Mucha van fer de cartells publicitaris autèntiques obres d’art.

Però més enllà del valor artístic intrínsec d’alguna publicitat hi un altre valor cultural. Aquell que fa que, segons Gay Talese, si agafem un diari antic ens resultin més interessants els anuncis que les notícies que sovint només recullen fets i paraules de personatges importants que ja no ho són. La publicitat, en canvi, revela moltes més coses sobre les persones, com viuen, quina roba porten, què mengen, a què dediquen el temps lliure, què desitgen, què els agrada, què valoren. Els anuncis d’avui en dia potser explicaran moltes més coses de nosaltres que els grans titulars sobre daltabaixos financers. Però què dirà de nosaltres la publicitat actual?